¿Mejora el alcohol la bondad de los refrescos? ¿O es, simplemente, un
veneno añadido? El verano tiene sus leyes en cuanto al consumo de alcohol. El aumento de
calor y la necesidad de transpirar marcan una serie de normas en cuanto a su consumo.
Lo que el cuerpo pide, en verano, es reponer las pérdidas de agua y de
sales minerales que se eliminan a través de la sudoración. El alcohol no sirve para
nada, aparte de que supone un incremento de calorías innecesarias.
El alcohol es la "droga social" por excelencia junto con el
tabaco. El número de personas que tienen problemas con el alcohol es muy elevado. Se
calcula que un 10 % de la población ha bebido alcohol de forma imprudente, al menos una
vez en su vida.
El consumo "imprudente" del alcohol se caracteriza por:
- Excesiva cantidad. Se considera que más de 120 gramos diarios de alcohol en los
varones, y más de 100 gramos diarios en mujeres, son excesivos.
- Con independencia de la cantidad, es problema cualquier ingestión de alcohol que ha
quebrantado la capacidad de reacción, el control de los impulsos, la adaptación social,
laboral o familiar.
- Es problema si la persona tiene dificultades para controlar la cantidad de alcohol que
bebe si empieza a hacerlo. Hay personas que pueden pasar días sin beber, pero ser
incapaces de parar tras la primera copa.
- También es problema la sensación de que uno quiere controlar su forma de beber, pero
le resulta muy difícil lograrlo.
En nuestro entorno los problemas con el alcohol son frecuentes. En
verano aumenta el consumo en terrazas, fiestas mayores y discotecas. Teniendo en cuenta
que el alcohol no sirve para refrescarse ni para quitar la sed, el consejo básico es:
beberlo con gran moderación, o desecharlo por completo. Sumémonos a la moda sana de las
aguas minerales, máxime cuando tenemos en nuestro pais algunas que se cuentan entre las
mejores del mundo.
El alcohol interactúa con muchos medicamentos. Veamos los principales: