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TRASTORNOS DE LA ELIMINACION ENCOPRESIS FUNCIONAL
El DSM-IV define la encopresis funcional como la evacuación repetida e involuntaria (y
raramente intencional) de las heces en lugares inadecuados para este propósito (por
ejemplo, en armarios y en el suelo). Aunque no lo indica de forma explícita, cabe inferir
que también entra aquí la defecación sobre la propia ropa, ya sea completa, ya en forma
de "lamida". La encopresis puede ser primaria (se considera que la edad normal
de control se extiende hasta los 4 años), y secundaria si empieza más tarde y después
de un periodo de control; normalmente, entre los 4 y los 8 años en la mayor parte de
casos.
Es clásico considerar (por ejemplo, así lo hace Ajuariaguerra en su obra "Manuel
de Psychiatrie de l'énfant", Paris, 1970, que durante muchos años ha sido algo así
como la biblia de la Psiquiatría infantil) que la encopresis es un problema cuya
dificultad aumenta con el nivel de inteligencia del niño, por cuanto a mayor inteligencia
mayores (y más complejos) son los mecanismos psicológicos del niño que mantienen el
trastorno, en el caso de que éste produzca algún beneficio secundario inconsciente.
Cuadros afines a la encopresis están descritos en la bibliografía psiquiátrica
infantil. Así, Woodmansey (1968) describe el "defecador con incontinencia",
caracterizado también por una "defecación retrasada". En los casos descritos
por dicho autor, los ni¤os no lograban evacuar en presencia de la madre o en
circunstancias que les recordasen los esfuerzos del aprendizaje esfinteriano. El autor
atribuye el problema a perturbaciones de este aprendizaje en forma de presiones excesivas
o de exigencias inadecuadas a una edad demasiado temprana. En estas condiciones, el
ni¤o/a se defeca encima, o sobre la cama, etc., lejos de las circunstancias propias de la
defecación normal.
Berg y Jones (1965) describen el "defecador plácido": un niño procedente de
un hogar tranquilo, no angustiante, y cuyo trastorno principal es no emplear el WC. Los
mismos autores han hallado casos de lo que denominan "defecador negativo", en
quien la encopresis es un claro acto punitivo hacia unos padres con quienes ha entrado en
conflicto.
Hemos visto casos de encopresis como forma clínica de un estre¤imiento crónico, sin
patología psicológica demostrable. En estos casos existe una incoordinación
involuntaria en la defecación, que suele cursar con dolor. Peden ser tratados con
laxantes (lactulose) y con reeducación de los hábitos defecatorios.
Los tratamientos de psicoterapia individual no han demostrado unos resultados
brillantes a corto o medio plazo. A largo plazo los resultados de la psicoterapia pueden
confundirse con las mejorías espontáneas que se presentan aún en el caso de no hacer
ningún tipo de tratamiento. También pueden considerarse medidas psicoterápicas que
involucren a la madre, y que emplean técnicas lúdicas que signifiquen una simbólica
manipulación de heces: pintura de dedos, modelación con barro, etc.
Vale la pena considerar también una serie de normas encaminadas a conseguir que la
encopresis no se constituya en demanda de protección o de atención y que permiten
prevenir o corregir el beneficio secundario. De hecho, serían dos las normas necesarias:
a) No prestarle al niño atención en el momento de la encopresis, ni por causa de
ella. No hacerle caso; ni siquiera para reconvenirle. Mostrarle una actitud de serena
indiferencia y de neutralidad afectiva.
b) Imponerle, como norma inamovible, la obligación de responsabilizarse de la limpieza
de su ropa cuando tenga problemas encopréticos. Ni siquiera será necesario que avise:
simplemente, debe ir al lavabo o al fregadero y lavarse la ropa interior sucia después de
haberse limpiado en el bidet y de haberse mudado.
La encopresis puede estar asociada a malos hábitos de aprendizaje de la higiene
evacuatoria, como puede ser el empleo de exigencias angustiantes en los primeros intentos
del niño por aprender a defecar voluntariamente. También, en encopresis secundaria, se
suelen invocar mecanismos regresivos ante traumas ambientales (nacimiento de un hermano,
inicio de la escuela).
Hay que tener en cuenta una posibilidad nada despreciable: la encopresis puede ser el
síntoma de una depresión infantil. En el capítulo de depresión hablábamos de que, en
muchas ocasiones, la sintomatología depresiva infantil incluye elementos acompañantes,
aparentemente no depresivos, y que a veces son los más evidentes en la clínica. La
encopresis puede ser uno de ellos. Siempre, ante un caso de encopresis, es necesario
evaluar el estado de ánimo y/o validar el diagnóstico explorando la respuesta a la
medicación.
ENURESIS FUNCIONAL
El DSM-IV define la enuresis funcional como una emisión involuntaria o intencional de
orina durante el día o por la noche, en la cama o en la ropa, a una edad en la que se
espera que haya continencia. Señalemos que otros autores consideran que la enuresis es
nocturna por definición, reservando el nombre de incontinencia para la emisión de orina
durante el día. De todas maneras también es correcto considerar que en la incontinencia
urinaria hay emisión de orina durante el día y la noche.
Otros criterios del DSM son: frecuencia de al menos 2 episodios al mes en niños entre
5 y 6 años, o 1 episodio al mes en niños mayores; edad cronológica de 5 años y edad
mental de 4 años. Lógicamente deben excluirse las incontinencias debidas a problemas
orgánicos (diabetes, infecciones urinarias, epilepsia) o a las coincidentes con
potomanía. La enuresis es secundaria si viene precedida de un período de continencia de
al menos 1 año, y primaria en caso contrario. También puede considerarse regular o
esporádica.
El control del esfínter vesical acontece en forma evolutiva. Hacia los 15-18 meses el
niño puede anunciar que está mojado y puede anticipar que tiene pipí. Empieza a
identificar las señales que advierten de la necesidad de controlar (vejiga, ano). A los
18-24 meses advierte con el suficiente tiempo como para llevarlo al orinal o al inodoro.
Alrededor de los 2 años y medio aprende a obrar por sí mismo, y se inicia el control
nocturno. Este se conseguirá alrededor de los 4-5 años.
Se aceptan, como factores predisponentes de enuresis, el retraso de desarrollo en la
musculatura vesical, la incapacidad vesical para adaptarse al contenido de orina sin
cambios en la presión intravesical, (lo que da lugar a un bajo umbral de vaciamiento
involuntario), el retraso en la implantación de hábitos higiénicos, y el estrés
psicosocial (ej: nacimiento de un hermano, inicio de la escuela). También se han
invocado: conflictos dinámicos, factores genéticos (elevado porcentaje de antecedentes
directos), trastornos del sueño y otros trastornos psíquicos, depresión por ejemplo.
Al parecer se trata de un problema que evoluciona favorablemente con el paso del
tiempo. Los datos del DSM citan un 7 % en niños y un 3 % en niñas, hacia los 5 años, en
tanto que a los 18 años solamente queda el 1 % de varones y es prácticamente inexistente
en mujeres.
El tratamiento de la enuresis suscita amplias discusiones. Como posturas extremas
hallaríamos la "optimista", que recomienda esperar a que el paso del tiempo
solucione el problema, y la "pesimista" que consiste en dar fármacos junto a la
aplicación de aparatos de alarma y técnicas de entrenamiento. Veamos las posibilidades
una por una:
1. No hacer nada. En el DSM advierte que a los 18 años el problema está resuelto en
todas las niñas y en el 99 % de varones. No parece una mala postura... si uno puede
tomarse tiempo, y el caso no está complicado (ansiedad del niño o de la familia,
actitudes de autoinculpación, limitación de actividades, etc.) Como mínimo, puede
invocarse esta postura como consecuencia inevitable del fracaso de todas las demás.
2. Medicación. Suele emplearse algún antidepresivo tricíclico. No está claro el
mecanismo, aunque se invocan cambios en el ritmo y la profundidad del sueño, efectos
anticolinérgicos y aumento de la capacidad de la vejiga. Sea como sea, el efecto de los
antidepresivos (imipramina y clomipramina son los más probados) suele ser positivo en el
50-85 % de los casos según autores. Todo el mundo está de acuerdo en la gran cantidad de
recidivas que se producen al dejar la medicación, por lo que cabe ser prudentes en su
mantenimiento. Personalmente no empiezo a retirar los antidepresivos hasta que la mejoría
del 100 % se ha producido durante unos 5 meses, y la retirada se hace en forma gradual.
Las dosis empleadas (tanto de clomipramina como de imipramina) son inicialmente bajas, de
unos 10 mg/día, llegando paulatinamente a dosis de 1,2 a 2 mg/kg de peso/día. Cabe
advertir a los padres acerca de los efectos secundarios, anticolinérgicos (sequedad de
boca, posible estreñimiento, retención de orina, etc.) poco frecuentes en niños.
3. Aparato antienurético de alarma ("pipí-stop"). Consiste en un artilugio
compuesto por un timbre de alarma y un detector de humedad, que cierra el circuito al
mojarse. El detector puede ser un sensor ad hoc, o dos simples rejillas separadas por una
fina capa de algodón. Una gota de orina ya actúa como electrolito y activa la alarma.
Para que el invento funcione es necesario mantenerlo durante un tiempo relativamente
largo, que puede ser de hasta dos meses. Se espera que se active un reflejo condicionado,
de modo que las señales internas de pronta emisión urinaria disparen la activación
cerebral necesaria para controlar la orina, o para despertar al niño. Es necesario que el
niño esté motivado para el tratamiento y que sea instruído a levantarse, orinar,
cambiar el pijama si fuera necesario, y volver a la cama conectando de nuevo el aparato
por si hubiera una segunda necesidad. Algunos autores aseguran una elevación del
porcentaje de éxitos asociando el aparato antienurético a la medicación con imipramina.
Un detalle: la mayor parte de alarmas del mercado suenan demasiado flojo y no despiertan
al niño. Es práctico hacerse construir uno mismo el circuito, con lo que el timbre se
puede colocar de acuerdo a la inten- sidad del sueño de cada niño (aparte de que se
divide por 10 el costo del instrumento).
4. Medidas sobre la cantidad de líquido ingerido. La restricción de líquidos es
inefectiva, ya que angustia al niño y no provoca sino reducción de la frecuencia de
micción. Lo mismo cabe decir de la administración de ClNa en cápsulas. La
sobreadministración de líquido se invoca en ocasiones como medio de agrandar la vejiga
(?) o de ayuda para provocar más ensayos para el aprendizaje.
5. Técnicas de entrenamiento (Azrin, Snned y Fox, 1972). Se trata de una técnica
compleja y muy estructurada, que incluye varios pasos: uso del aparato de alarma,
práctica positiva (entrenamiento de la conducta correcta: fingir que se tienen ganas de
orinar durante la noche, levantarse, ir al baño... haciendo unos 20 ensayos);
entrenamiento en retención (despertando al niño cada hora durante la primera noche,
pregun- tándole si puede aguantarse una hora más o si desea orinar ahora); autolimpieza;
refuerzo social (alabanzas, premios, etc.) contingente a la respuesta). El tratamiento
consta de una fase intensiva (primera noche, bastante movida para todos),
postentrenamiento con alarma hasta lograr 7 noches secas, y fase de retirada progresiva,
hasta lograr un mínimo de 7 noches secas sin artefacto.
CONDUCTA A SEGUIR (TRASTORNOS DE LA ELIMINACION)
1. La encopresis casi siempre requiere un control psiquiátrico pues es un síntoma que
puede aparecer por múltiples causas, algunas de las cuales requieren un tratamiento
psicoterápico. Si se aprecia estado de ánimo depresivo, en forma clara, vale la pena
ensayar tratamiento con antidepresivos tricíclicos (ver apartado 16 de la parte II) y/o
con lactulose, en dosis única nocturna.
2. No tratar la enuresis implica esperar la mejoría espontánea del proceso, cuya
frecuencia va disminuyendo con la edad hasta desaparecer casi por completo a los 18 años.
Es necesario constatar que el proceso no sea secundario a una patología orgánica, y
aconsejar paciencia. No es posible efectuar esta espera en casos complicados, ya sea por
ansiedad, ya por sentimientos de culpabilidad, o bien si el cuadro provoca limitaciones.
Puede iniciarse un tratamiento, en una primera fase, con antidepresivos (imipramina o
clomipramina, dosis de 1.2 a 2 mg por kg de peso y día). Si no se obtiene respuesta
terapéutica en 1 mes no vale la pena insistir.
3. Una segunda fase del tratamiento puede consistir en el empleo de alarma con aparato
antienurético, combinada o no con la medicación. Las técnicas de aprendizaje (tipo
Azrin) son complejas y requieren su aplicación por un especialista versado en técnicas
para la modificación del comportamiento.
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