Bajo el diagnóstico de esquizofrenia (o de psicosis en general) se suelen calificar
distintos tipos de cuadros clínicos. De hecho, las esquizofrenias aparecidas antes de los
5 años tienen rasgos extremadamente comunes con el autismo, y solamente una evolución
posterior, con la aparición de síntomas psicóticos propiamente dichos, permitirá un
diagnóstico de certeza. De hecho, antes de los 3 años, el diagnóstico diferencial es
muy improbable.
En el DSM-IV no existe un epígrafe para esquizofrenia infantil. Tal y como sucede en
los trastornos depresivos hemos de referirnos a los criterios diagnósticos del adulto. Lo
cierto es que, con la edad, el diagnóstico de esquizofrenia y de autismo se perfilan
mucho mejor. El autismo suele acontecer antes de los 3 años, en tanto que las psicosis
esquizofrénicas infantiles, cuánto mayor es el niño, más se parecen a las
esquizofrenias de los adultos.
Los criterios diagnósticos para el diagnóstico de esquizofrenia exigen la presencia
de al menos dos síntomas psicóticos, entendiendo como tales las ideas delirantes, las
alucinaciones, la incoherencia asociativa, la conducta catatónica y la afectividad
embotada o inapropiada.
Las ideas delirantes deben ser extrañas al medio cultural en el que el individuo se
mueve (por ejemplo, creer en la astrología no es una idea delirante extraña). Las
alucinaciones predominantes suelen ser auditivas: voz o voces que peroran con el sujeto,
apostillan sus actos o comentan entre sí los lances de la conducta o del pensamiento.
Otro criterio imprescindible es el deterioro (de las relaciones sociales, de los
estudios, de la vida laboral, del cuidado personal...)
Para que el diagnóstico pueda ser confirmado ha de transcurrir un plazo de 6 meses.
Esto es de especial interés pues otros trastornos difíciles de distinguir de la
esquizofrenia en algunas de sus fases (por ejemplo: trastorno maníaco, depresiones con
síntomas psicóticos) se diferencian más o menos claramente por el curso, la respuesta a
los tratamientos y la ausencia de deterioro.
De una forma clásica es posible advertir una fase prodrómica, en la que el individuo
acentúa unos rasgos peculiares (introversión, ideas extrañas, sensación de extrañeza
o de alienación), la fase activa (con los síntomas reseñados) y la fase residual en la
que ineludiblemente restan síntomas del deterioro, bien sea en la conducta, bien en la
relación social, en la vida escolar o laboral, en la afectividad, en el empobrecimiento
del lenguaje, en las ideaciones extrañas o mágicas, en las experiencias perceptivas poco
corrientes y en la anergia.
Los tipos clínicos de esquizofrenia son: el catatónico (descenso de la reactividad al
ambiente, estupor, rigidez cérea, etc), el desorganizado cuyo síntoma predominante es la
incoherencia, el paranoide (con ideas delirantes de autorreferencia, de persecución, de
influencia o de perjuicio), el tipo indiferenciado (cuando no cumple los criterios
concretos de los anteriores) y el tipo residual, donde solamente persisten los síntomas
residuales (negativos) que antes comentábamos.
El tratamiento de los procesos esquizofrénicos suele quedar reservado para el
psiquiatra. Requiere el empleo de medicamentos difíciles de emplear, tanto por lo
limitado de sus efectos como por la cantidad de reacciones adversas que pueden provocar
(ver apéndice 11).
En general, los síntomas psicóticos antes citados corresponden a dos grandes grupos:
a) Síntomas "positivos", o productivos. Se refiere a conductas o modos de
pensamiento aparecidos en la crisis psicótica, en forma aditiva (nuevas conductas se
añaden a las existentes). Son los delirios y las alucinaciones fundamentalmente. En este
caso la palabra "positivo" no tiene connotaciones favorables; significa
simplemnente que "algo se suma o añade", y ese "algo" (delirios,
alucinaciones) no es en absoluto nada bueno.
b) Síntomas "negativos", o propios del deterioro: se restan capacidades
apareciendo signos de embotamiento o de carencia. La estolidez, el enlentecimiento
psíquico, el aplanamiento afectivo, la torpeza en las relaciones interpersonales, la
inutilidad laboral... son típicos síntomas negativos,
Pues bien, los tratamientos básicos antipsicóticos (Neurolépticos, electroshock)
suelen actuar más o menos sobre los síntomas positivos. Pero no tenemos nada que actúe
de forma brillante sobre los negativos. Solamente el empleo de algunos neurolépticos
concretos (sulpiride, pimocide) o de antidepresivos a dosis bajas puede ser de alguna
ayuda (clomipramina, amytriptilina y amoxapina serían los más adecuados sobre el papel).
Su manejo exige harto cuidado, pues pueden reactivar una fase aguda de la esquizofrenia.
Los neurolépticos más incisivos, los de mayor potencia sobre los síntomas
psicóticos suelen ser también los que tienen mayores efectos secundarios. Los efectos
terapéuticos y los colaterales derivan de su acción bioquímica (bloqueo de la acción
de la dopamina). Los efectos secundarios son de tipo anticolinérgico. Los neurolépticos
más incisivos son el haloperidol (Haloperidol®) y la trifluoperazina (Eskazine®). Los
neurolépticos sedantes como la clorpromazina (Largactil®), tioridazina (Meleril®),
clotiapina (Etumina®), etc. pueden ser combinados con los anteriores y su empleo no
genera tanto secundarismo. El electroshock se reserva para los casos de baja respuesta a
los neurolépticos, o para cuadros muy desorganizados con riesgos físicos para el
paciente (conductas autoagresivas, por ejemplo). Su utilidad es en la fase activa, y
solamente para los síntomas positivos.