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Introducción
Es un trastorno de
naturaleza orgánica.
Las diferencias
de la hiperactividad con un nivel alto de actividad normal están en que
la primera es muy irregular, mal organizada y sin metas fijas.
Es diez veces más
común en niños que en niñas.
En los niñosy
niñas con déficit de atención se observan las siguientes características:
-
Dificultad
en la organización de su trabajo, dando la impresión de que no
ha escuchado las instrucciones
-
Le
resulta muy fácil distraerse.
-
Comete
errores por ser descuidado o impulsivo
-
Habla
excesivamente en clase
-
No
pude esperar su turno en situaciones de grupo
-
Nunca
puede terminar lo que le piden
-
No
pude jugar durante mucho tiempo seguido, como los niños de su
edad
Sin
tratamiento, puede perder sus estudios y amistades, por su incapacidad
para cooperar en los juegos y otras actividades sociales.
El niño sufre
porque cosecha más fracasos que éxitos, y es criticado por maestros y
familiares que no conocen su problema.
El tratamiento
incluye medicación y psicoterapia para el niño, ayuda a la familia y
asesoramiento a los maestros.
Este
trastorno se refiere a un patrón persistente de falta de atención y/o
hiperactividad e impulsividad, cuya frecuencia y severidad es mayor que
lo típicamente observado en personas que presentan este trastorno
tienen mayor probabilidad de enfrentar un sinnúmero de problemas en el
ámbito social, cognoscitivo, académico, familiar y emocional, al igual
que un mayor riesgo de rezago en la conducta adaptativa. Este hecho
ilustra el enorme impacto que pueden tener los síntomas que definen el
TDAH en la persona afectada por esta condición, sea niño, adolescente
o adulto. Así como en la familia y en los otros grupos sociales que son
parte esencial de la vida de la persona (Bauermeister y Matos, 1997).
Aunque la mayoría
de los investigadores conceptúan el TDAH como un trastorno con una
predisposición neurobiológica significativa, esto no minimiza la
importancia de los factores socioculturales.
Estos
juegan un papel importantísimo en la forma en que se expresan las
conductas de falta de atención, hiperactividad e impulsividad propias
de este trastorno, así como en el significado o importancia que otras
personas les atribuyen a estas conductas y, por consiguiente, en el
nivel de tolerancia de las mismas.
Un criterio fundamental para
el diagnóstico del TDAH es la dificultad de la persona para
autorregular el comportamiento de acuerdo a las demandas familiares,
escolares, interpersonales, ocupacionales y comunitarias. Estas demandas
están determinadas culturalmente y establecen qué conductas son
permisibles, aceptables, esperadas o mandatorias en cada situación
dada. Es necesario, pues, tomar en consideración la influencia de la
cultura y el ambiente social del cual es parte la persona, si se quiere
entender plenamente este trastorno, diagnosticarlo con acierto y proveer
los tratamientos necesarios (Bauermeister, Berríos, Jiménez, Acevedo y
Gordon, 1990).
En una
investigación de Bird y colaboradores (1998), la prevalencia del
trastorno por déficit de atención, con o sin hiperactividad,
diagnosticado por cuatro psiquiatras de niños, fue 16.2%. Es decir,
virtualmente uno de cada seis niños reunió los criterios diagnósticos
para el trastorno. Al requerir para el diagnóstico un criterio
adicional de impedimento o inadaptación, la frecuencia del TDAH se
redujo a 9.5%. Este dato demuestra que el diagnóstico de este trastorno
no debe establecerse únicamente en base a la presencia de síntomas de
falta de atención, hiperactividad e impulsividad, ya que se estaría
diagnosticando con el trastorno a personas que pueden estar bien
adaptadas.
Para
diagnosticarlo es necesario que los síntomas contribuyan al
funcionamiento desadaptado de la persona.
Tal como se
desprende de lo anterior, los profesionales deben tener especial cuidado
de entender lo mejor posible el trasfondo cultural de éstas. Los
criterios diagnósticos actuales del TDAH requieren que los síntomas de
falta de atención, hiperactividad e impulsividad hayan surgido en la niñez,
que ocurran frecuentemente, que no correspondan al nivel de desarrollo
de la persona, que hayan persistido a través del tiempo y que
obstaculicen significativamente el funcionamiento de la persona en el
hogar, en la escuela, en las relaciones con los compañeros y/o en el
trabajo. Al aplicar estos criterios, es necesario tomar en consideración
el hecho de que son las premisas socioculturales son las que establecen
los parámetros para dilucidar si el funcionamiento de la persona en un
contexto dado es adaptado o no.
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HOJA
DE INFORMACIÓN ACERCA DEL TDAH (Dr.
Russell A. Barkley)
Esta hoja de
información fue desarrollada por el Dr. Russell A. Barkley como una
referencia inmediata para ser provista a los padres y maestros de niños
con el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) o a
adultos que han sido vistos en su práctica clínica y que han sido
diagnosticados con el TDAH. La hoja recoge información importante
acerca del TDAH, así como la visión del Dr. Barkley acerca del
trastorno, basada en su nueva teoría. La misma puede entregarse como
parte de la reunión de discusión que sigue a la evaluación. También
puede ser enviada por correo a los maestros del niño junto con
recomendaciones específicas para el manejo del niño en el aula. De
igual modo, puede ser provista al patrono, al supervisor o a miembros de
la familia de un adulto diagnosticado con el TDAH, por supuesto, con el
permiso del adulto.
Trastorno por déficit
de atención e hiperactividad es el término usado actualmente para
describir un trastorno específico del desarrollo visto tanto en niños
como en adultos, el cual comprende déficit en la inhibición de la
conducta, en la atención sostenida y la resistencia a la distracción,
y en la regulación del nivel de actividad de acuerdo a las demandas de
la situación (hiperactividad o inquietud). Este trastorno a tenido
etiquetas numerosa diferentes
en el pasado siglo, incluyendo síndrome del niño hiperactivo, reacción
hipercinética de la niñez, disfunción cerebral mínima y trastorno
por déficit de atención (con o sin hiperactividad).
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Características
principales
Las características
predominantes de este trastorno incluyen lo siguiente:
Dificultad
en la inhibición de respuestas, en el control de impulsos o en la
capacidad para posponer la gratificación.
Notamos esto frecuentemente en la inhabilidad de la persona para
detenerse y pensar antes de actuar; para esperar su turno mientras juega,
conversa con otros o tener que esperar en una fila; para interrumpir el
responder rápidamente cuando se hace evidente que las acciones de la
persona ya no son efectivas; para resistir las distracciones mientras se
concentra o trabaja; para trabajar por recompensas mayores a más largo
plazo en vez de optar por unas más pequeñas e inmediatas, y para
inhibir la reacción dominante o inmediata ante un evento, según la
situación pueda demandarlo.
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Exceso
de actividad irrelevante a la tarea o actividad
que
está pobremente regulada según las demandas de la situación. En
muchos casos, las personas con el TDAH se distinguen por ser
excesivamente inquietas e intranquilas, como si estuvieran en
“continuo movimiento”. Manifiestan un movimiento excesivo que no es
requerido para completar una tarea, tal como menear los pies y las
piernas, golpear suavemente las cosas, mecerse mientras están sentados
o cambiar su postura o posición mientras ejecutan tareas relativamente
aburridas. Los niños más pequeños con el trastorno pueden manifestar
excesivamente actividades motrices gruesas, tales como correr, trepar u
otras. A pesar de que esto tiende a declinar con la edad, los
adolescentes con el TDAH son aún más inquietos e intranquilos que sus
compañeros. En los adultos con el trastorno, esta inquietud puede ser más
subjetiva que directamente observable, a pesar de que algunos adultos se
observan inquietos e informan una necesidad de estar siempre ocupados o
haciendo algo y ser incapaces de quedarse quietos.
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Pobre
atención sostenida o persistencia de esfuerzo en las tareas.
Este problema frecuentemente surge cuando se le asignan a la persona
actividades aburridas, tediosas, prolongadas o repetitivas que no tienen
un atractivo intrínseco para ella. Tales personas a menudo no logran
mostrar el mismo nivel de persistencia, tenacidad, motivación y fuerza
de voluntad que otros de su edad cuando deben realizar tareas poco
interesantes pero importantes. Con frecuencia informan aburrirse fácilmente
con tales tareas y , por consiguiente, cambian de una actividad a otra
sin completar ninguna de ellas. Es común la falta de concentración
durante las tareas tediosas, aburridas o prolongadas, así como lo es la
inhabilidad para regresar a la tarea en la que estaban trabajando si se
les interrumpe inesperadamente. Por tanto, se distraen fácilmente
durante períodos en los que la concentración es importante para la
tarea que realizan, también pueden tener problemas para completar
tareas rutinarias sin supervisión directa y para mantenerse en la tarea
durante el trabajo independiente.
Estas son las
tres áreas de dificultad más comunes asociadas con el TDAH. Sin
embargo, las investigaciones sugieren que aquellos con el trastorno,
particularmente con los subtipos asociados a comportamiento impulsivo (discutidos
más adelante), también pueden tener dificultades en las siguientes áreas
de funcionamiento psicológico:
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Recordar
el hacer cosas o memoria de trabajo.
La memoria de trabajo se refiere a la capacidad para retener en la
mente información que será usada para guiar las acciones de la
persona, al momento o posteriormente. Es esencial para recordar hacer
cosas en un futuro cercano. Las personas con el TDAH frecuentemente
tienen dificultad con la memoria de trabajo y por tanto son descritas
como olvidadizas para hacer cosas, incapaces de mantener en mente
información importante que necesitarán para guiar sus acciones
posteriormente, y desorganizadas en su pensamiento y en otras
actividades, al punto que a menudo pierden de vista la meta de sus
actividades. Pueden ser descritas frecuentemente como que actúan sin
retrospección o previsión y son menos capaces de anticipar y
prepararse para futuros eventos tan bien como otros, lo cual parece
depender de la memoria de trabajo. Las investigaciones recientes
sugieren que aquellos con el TDAH no pueden percibir o usar el tiempo
tan adecuadamente como otros en sus actividades diarias, por tanto,
frecuentemente llegan tarde a citas, no cumplen con límites de tiempo,
están mal preparados para actividades venideras, y son menos capaces
para proseguir con los planes y metas a largo plazo. Los problemas con
el manejo del tiempo y el organizarse para eventos futuros son comunes
en niños mayores y en adultos con el trastorno.
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Desarrollo
retrasado del lenguaje interno (la voz de la mente) y del seguimiento de
reglas.
Las investigaciones recientes sugieren que los niños con el TDAH
están significativamente retrasados en el desarrollo del lenguaje
interno (la voz privada dentro de nuestra mente que usamos para
conversar con nosotros mismos, contemplar eventos y dirigir o regir
nuestro comportamiento). El habla privada es absolutamente necesaria
para el desarrollo normal de al contemplación, la reflexión y la
autorregulación. Su retraso en aquellos con el TDAH contribuye a
problemas significativos con la habilidad para seguir reglas o
instrucciones; para leer y seguir instrucciones cuidadosamente; para
darle seguimiento a sus propios planes, reglas y “listas de cosas por
hacer”; y aún para actuar teniendo en mente los principios legales o
morales. Cuando se combina con las dificultades con la memoria de
trabajo, este problema con el habla privada a menudo resulta en una
interferencia significativa con la comprensión de la lectura,
especialmente en asignaciones de lectura complejas, poco interesantes o
extensas.
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Dificultades
con la regulación de emociones, motivación y excitación.
Los niños y adultos con el TDAH frecuentemente tienen problemas
inhibiendo sus reacciones emocionales ante eventos tan bien como lo
hacen otros de su edad. No es que las emociones que experimentan sean
inapropiadas, sino que es más probable que manifiesten públicamente, más
que otros, las emociones que experimentan. Parecen ser menos capaces de
“internalizar” sus sentimientos, de mantenerlos para sí mismos y,
cuando lo hacen, de moderarlos como otros lo harían. Por ende,
aparentan ser menos maduros emocionalmente, más reactivos con sus
sentimientos y más impetuosos, irritables y frustrados fácilmente por
los eventos, junto a este problema con al regulación de las emociones,
están las dificultades que tienen para generar motivación intrínseca
para las tareas que no tienen ningún atractivo o recompensa inmediata
para ellos. Esta dificultad para crear motivación privada, “empuje”
o determinación los hace parecer frecuentemente con falta de voluntad o
autodisciplina, pues no pueden mantenerse en cosas que no les proveen
recompensa, estimulación o interés inmediato. Su motivación para
trabajar con tesón y durante tiempo prolongado depende del ambiente
inmediato, mientras que otros desarrollan una capacidad para motivarse
intrínsecamente en ausencia de recompensas u otras consecuencias
inmediatas. También relacionada con estas dificultades para regular la
emoción y la motivación está la de regular su nivel general de
excitación para enfrentarse a demandas situacionales. Aquellos con TDAH
encuentran difícil activarse o motivarse para iniciar algún trabajo
que debe hacerse, se quejan frecuentemente de ser incapaces de
mantenerse alertas o despiertos en situaciones aburridas, y a menudo
parecen “soñar despiertos o estar en las nubes” cuando deben estar
más alertas, enfocados y participar activamente en una tarea.
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Disminución
en la habilidad para solucionar problemas, la inventiva y la
flexibilidad en al consecución de metas a largo plazo.
Frecuentemente, cuando participamos en actividades dirigidas a una
meta, encontramos problemas que son obstáculos para alcanzar la misma.
En estas situaciones, las personas deben ser capaces de generar rápidamente
una variedad de opciones para sí mismas, de considerar sus desenlaces
respectivos y de seleccionar, de entre ellas, aquellas que parecen ser más
efectivas para superar el obstáculo, de tal modo que puedan continuar
hacia su meta. Las personas con el TDAH encuentran teles obstáculos en
sus metas mucho más difíciles de superar, abandonan sus metas
frecuentemente al enfrentarse a obstáculos, y no se toman el tiempo de
pensar en otras opciones que podrían ayudarles a seguir hacia su meta.
Por tanto, pueden parecer menos flexibles al acercarse a situaciones
problemáticas y con mayor probabilidad de responder automáticamente o
por impulso y, por ende, son menos creativas que otras para superar los
obstáculos en el camino hacia sus metas. Estos problemas pueden ser
evidentes incluso en el habla y en la escritura de aquellos que padecen
el trastorno, ya que son menos capaces de unir rápidamente las ideas de
sus pensamientos en una explicación más organizada y coherente. De
este modo, tienen más dificultades para unir con rapidez sus acciones o
ideas en una cadena de respuestas que logre efectivamente la meta que se
les ha dado, sea ésta de naturaleza verbal o conductual.
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Mayor
variabilidad de lo normal en la ejecución de tareas o trabajos.
Es típico de aquellos con el TDAH, especialmente con subtipos
asociados al comportamiento impulsivo, el exhibir una variabilidad
sustancial a través del tiempo en la ejecución de su trabajo. Estas
oscilaciones amplias pueden ser encontradas en la calidad, cantidad y
rapidez de su trabajo. Además, fracasan en mantener un patrón
relativamente uniforme de productividad y exactitud en su trabajo de
momento a momento y de día a día. Tal variabilidad es a menudo
incomprensible para quienes la observan, ya que es claro que en algunos
momentos la persona con el TDAH puede completar su trabajo rápida y
correctamente, mientras que en otros momentos ejecuta sus tareas
pobremente, imprecisamente y de manera bastante errática. Ciertamente,
algunos investigadores entienden que este patrón de alta variabilidad
en las actividades relacionadas con el trabajo es tan distintiva del
trastorno como lo es la pobre inhibición e inatención descritas
anteriormente.
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Inicio
temprano de las características principales.
Los síntomas del TDAH parecen surgir, en promedio, entre los 3 y los 6
años de edad. Esto es así particularmente para aquellos subtipos del
TDAH asociados con comportamiento hiperactivo e impulsivo. Otros pueden
desarrollar sus síntomas un poco más tarde en la niñez, pero
ciertamente la gran mayoría de aquellos que padecen el trastorno han
tenido algunos síntomas desde antes de los 13 años. Aquellos que tiene
el TDAH del tipo predominantemente inatento, el cual no está asociado
con impulsividad, aparentan desarrollar sus problemas de atención más
tarde que los otros subtipos, frecuentemente durante la niñez media o
tardía. Por tanto, se piensa que el desorden se inicia en la niñez,
sin importar el subtipo, sugiriendo que si estos síntomas se
desarrollan por primera vez durante la edad adulta se deben sospechar
otros trastornos mentales en vez del TDAH.
Top
Variación
situacional de los síntomas.
Es probable que los síntomas principales del TDAH cambien
marcadamente como consecuencia de la naturaleza de la situación en la
que la persona se encuentre. Las investigaciones sugieren que aquellos
con el TDAH se comportan mejor en situaciones de uno a uno, cuando hacen
tareas que disfrutan o encuentran interesantes, cuando hay una
recompensa inmediata por portarse bien, cuando son supervisados, cuando
su trabajo es hecho temprano en el día en vez de más tarde, en el caso
de los niños, cuando se encuentran con sus padres en comparación a
cuando se encuentran con sus madres. Por el contrario, pueden manifestar
más síntomas en situaciones de grupo, cuando deben realizar trabajos
aburridos, cuando deben trabajar independientemente de supervisión,
cuando su trabado debe ser realizado más tarde en el día o cuando están
con sus madres. En ocasiones, o en algunos casos, estos factores
situacionales pueden tener poco efecto en el nivel de síntomas del TDAH
de la persona, pero han sido notados lo suficiente en las
investigaciones como para hacer que sea importante considerar tales
cambios en los síntomas.
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Trayectoria
relativamente crónica.
A menudo, los síntomas de TDAH son bastante estables en el
desarrollo. A pesar de que el nivel absoluto de síntomas declina con la
edad, esto también es cierto para los niveles de inatención,
impulsividad y actividad de las personas normales. De modo que aquellos
con el TDAH pueden estar mejorando en su comportamiento pero no siempre
alcanzan el nivel de sus compañeros. Esto parece dejarlos crónicamente
por debajo de otros de su edad en la capacidad para inhibir la conducta,
sostener la atención, controlar la distracción y regular su nivel de
actividad. Las investigaciones sugieren que, de los niños
diagnosticados clínicamente con el trastorno en la niñez, entre el 50
y el 80% continuará cumpliendo con los criterios para el diagnóstico
en la adolescencia y entre el 10 y el 65% puede continuar en la edad
adulta. Tenga o no el síndrome completo en la edad adulta, por lo menos
entre el 50 y el 70% puede continuar manifestando alguno de los síntomas
que le causan algún impedimento en su vida adulta.
Top
Resultado
en la edad adulta
Se ha estimado que entre el 15 y el 50% de los niños con
el TDAH eventualmente supera el trastorno.
Sin embargo, estas cifras vienen de estudios de seguimiento en los que
no se usaron los criterios diagnósticos actuales y más rigurosos para
el trastorno. Cuando se usan criterios más apropiados y modernos,
probablemente sólo entre el 20 y el 35% de aquellos con el trastorno ya
no tiene síntomas que resultan en impedimento en su vida adulta. A lo
largo de su vida, una minoría significativa de estos experimenta un
mayor riesgo de desarrollar conducta oposicional y desafiante (>50%),
problemas de conducta y dificultades antisociales (25-40%) y baja estima
propia y depresión (25%). Aproximadamente, entre el 5 y el 10% puede
desarrollar trastornos mentales más serios, tales como trastorno maníaco-depresivo.
Entre el 10 y el 20% puede desarrollar un trastorno de personalidad
antisocial en al edad adulta; la mayor parte de estos también tendrá
problemas con el abuso de sustancias legales (p.e., alcohol y tabaco) o
ilegales (p.e., marihuana, cocaína y el uso ilegal de drogas recetadas).
El riesgo es mayor entre los que tuvieron un trastorno de conducta o
delincuencia durante la adolescencia. A pesar de estos riesgos, más de
la mitad de aquellos con el TDAH no desarrollan estas dificultades
asociadas o trastornos. Sin embargo, la mayoría ciertamente experimenta
problemas con la ejecución académica. Por ejemplo, tanto como entre el
30 y el 50% ha repetido su grado escolar por lo menos una vez, y entre
el 25 y el 36% nunca ha completado la escuela secundaria.
Como adultos,
es más probable que aquellos con el TDAH tengan un nivel bajo de
educación relativo a su habilidad intelectual y trasfondo educativo
familiar. Es también probable que experimenten dificultades con el
ajuste en el trabajo y que puedan estar ocupando posiciones que no están
a la par con su inteligencia y su trasfondo educativo y familiar.
Tienden a cambiar de trabajo más frecuentemente que otros, a veces por
aburrimiento o por problemas interpersonales en el lugar de trabajo.
También tienden a tener más cambios de amistades y de relaciones románticas,
y parecen más propensos a la discordia marital y al divorcio. Al
conducir, son relativamente comunes las dificultades con el exceso de
velocidad, así como más consecuencias legales por este comportamiento
(citaciones, multas de tráfico). En algunos casos, es posible que
tengan más accidentes con vehículos de motor que otros conductores.
Por tanto, es más probable que se les suspenda o revoque su licencia
para conducir.
Top
Subtipos
Desde 1980, se
ha hecho posible ubicar a las personas con el TDAH en varios subtipos,
dependiendo de las combinaciones de síntomas que presentan, a aquellas
que tienen dificultades principalmente con conducta impulsiva e
hiperactiva, y no con la atención o la concentración, ahora se les
reconoce que tienen el TDAH del tipo predominantemente
hiperactivo-impulsivo. Las personas con el patrón opuesto, inatención
significativa sin ser impulsivas o hiperactivas, se les reconoce que
tienen el TDAH tipo predominantemente inatento. Sin embargo, la
mayoría de las personas con el trastorno manifiestan ambas características
clínicas y se les denomina con el TDAH tipo combinado. Las
investigaciones acerca de las personas con el tipo combinado sugieren
que es probable que desarrollen primero sus síntomas hiperactivos y/o
impulsivos, usualmente durante los años preescolares. Por lo tanto, a
esta edad, pueden ser diagnosticadas con
el tipo predominantemente hiperactivo-impulsivo. Sin embargo, en
la mayoría de los casos, éstas eventualmente pasan a desarrollar las
dificultades con el lapso de atención, la persistencia y la distracción
a los pocos años de entrar en la escuela, y son entonces diagnosticadas
con el tipo combinado.
Hay
considerablemente menos investigaciones acerca del TDAH del tipo
predominantemente inatento, o lo que antes se llamaba trastorno por déficit
de atención sin hiperactividad. Los resultados de las investigaciones
sugieren algunas diferencias cualitativas entre los problemas de atención
que estas personas presentan y los que presentan otros tipos del TDAH,
en donde el comportamiento hiperactivo o impulsivo está presente. El
TDAH del tipo predominantemente inatento parece estar más asociado con
“soñar despierto”, pasividad, lentitud, dificultades con la atención
selectiva o enfocada (seleccionar entre información importante y no
importante), procesamiento lento de información, confusión mental,
aprenhensión social o timidez, hipoactividad y la recuperación
inconsistente de información de la memoria. También es
considerablemente menos probable que esté asociado con impulsividad
(por definición) así como con comportamiento oposicional-desafiante,
problemas de conducta o delincuencia. De continuar demostrándose estas
diferencias en investigaciones futuras, habría, en efecto, una buena
razón para ver este subtipo como un desorden separado y distinto del
TDAH.
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Prevalencia
En los Estados
Unidos, se estima que el TDAH ocurre en aproximadamente el 3-7% de la
población infantil y aproximadamente en el 2-5% de la población
adulta. Entre los niños, la proporción por género es aproximadamente
de 3:1, siendo los varones más propensos que las niñas a tener el
trastorno. Entre adultos, la proporción por género se reduce a 2:1 o
menos. Se ha encontrado que el trastorno existe virtualmente en todos
los lugares en los que ha sido investigado, incluyendo América del
Norte, América del Sur, Puerto Rico, Gran Bretaña, Escandinava,
Europa, Japón, China, Turquía y el Medio Oriente. Puede que al
trastorno no se le llame TDAH en algunos de estos lugares, y que no sea
tratado de la misma manera que en Estados Unidos y Canadá, pero hay
pocas dudas de que el trastorno es virtualmente universal entre las
poblaciones humanas. Es más probable encontrar el trastorno en familias
donde otros tienen el trastorno o donde la depresión es más común.
También es más probable que ocurra en aquellos con problemas de
conducta y delincuencia, trastornos de tic o síndrome de Tourette o
problemas de aprendizaje, al igual que en personas con un historial de
exposición prenatal al alcohol o al humo del tabaco, nacimiento
prematuro o peso significativamente bajo, o trauma significativo de las
regiones frontales del cerebro.
Top
Etiologías
Las
investigaciones indican que
el
TDAH tiene una contribución biológica muy fuerte. A pesar de
que aún no se han identificado causas precisas, hay pocas dudas de que
la herencia / genética hace la contribución mayor a la expresión del
trastorno en la población. El promedio estimado en que el TDAH se
hereda es de aproximadamente un 80%, queriendo decir que los factores
genéticos explican el 80% de las diferencias entre personas con este
conjunto de rasgos conductuales. A modo de comparación, considerese que
esta cifra iguala a aquella para el papel que desempeña la genética en
la estatura humana. Los investigadores han identificado varios genes
asociados con el trastorno y , sin duda, van a identificar más, dado
que el TDAH representa un conjunto de rasgos conductuales complejos y
por tanto, es poco probable que un solo gen pueda explicar el trastorno.
En aquellos casos en los que la herencia no parece ser un factor, se ha
encontrado que las dificultades durante el embarazo, la exposición
prenatal al alcohol o al humo del tabaco, el parto prematuro y el peso
significativamente bajo al nacer, y los niveles excesivamente altos de
plomo en el cuerpo, así como el daño postnatal a las regiones
prefrontales del cerebro, son factores que contribuyen al riesgo del
trastorno en grados variados. A pesar de la contribución de estas
experiencias, la gran mayoría de los niños con este diagnóstico no
tiene daño cerebral. Las investigaciones empíricas no han apoyado las
creencias populares de que el TDAH surge de un consumo excesivo de azúcar,
de aditivos en los alimentos, de exposición excesiva a la televisión o
del pobre manejo del niño por los padres. Algunos medicamentos usados
para tratar trastornos convulsivos en niños pueden tener efectos
secundarios que aumenten los síntomas de TDAH, pero estos efectos son
reversibles.
Top
Tratamiento
No se ha
encontrado ningún tratamiento que cure este trastorno,
pero
existen muchos que pueden ayudar efectivamente con su
manejo. Dentro de estos tratamientos lo principal es, en el caso
de los niños, la educación de la familia y del personal escolar
acerca de la naturaleza del trastorno y su manejo; en el caso de los
adultos con el TDAH, la educación y consejería de éstos y de los
miembros de su familia. Sin embargo, entre los tratamientos que resultan
en mayor grado de mejoría de los síntomas del trastorno, las
investigaciones apoyan abrumadoramente el uso de los medicamentos (p.e.,
metilfenidato [Ritalin, Rubifen], d-anfetamina [Dexedrine],
una combinación de diferentes formas de anfetamina [Adderall] y en
casos raros, pemolina [Cylert]). La evidencia también muestra que los antidepresivos
tricíclicos, en particular la desipramina, también pueden ser
efectivos en el manejo de los síntomas del trastorno, así como de los
síntomas coexistentes de ansiedad o de un trastorno del estado de ánimo.
No obstante, estos antidepresivos no
parecen ser tan efectivos como los estimulantes. La evidencia de
las investigaciones es más bien variada en términos de si la clonidina
es o no de beneficio específico para el manejo de estos síntomas,
aparte de sus conocidos efectos de sedación.
Un
pequeño porcentaje de las personas con el TDAH puede requerir
combinaciones de estos u otros medicamentos para el manejo de su
trastorno.
Los
tratamientos psicológicos, tales como la
modificación
de conducta en el aula y el
adiestramiento a padres en métodos de manejo de la conducta del niño,
han demostrado producir beneficios a corto plazo en estos escenarios.
Sin embargo, las mejorías que rinden están limitadas frecuentemente a
aquellos escenarios en los que el tratamiento está ocurriendo y no se
generalizan a otros escenarios que no son incluidos en el programa de
manejo. Más aún, estudios recientes sugieren que, tal como con los
medicamentos discutidos anteriormente, las ganancias obtenidas durante
el tratamiento pueden perderse una vez que el tratamiento haya terminado. Por tanto, parece ser que los tratamientos para el TDAH
deben ser combinados frecuentemente y deben ser mantenidos por períodos
largos de tiempo para sostener los efectos iniciales del
tratamiento. Con relación a esto, el TDAH debe verse como cualquier
otra enfermedad médica crónica que requiere tratamiento continuo para
su manejo efectivo. Pero cuyo tratamiento no libra a la persona del
trastorno. Algunos niños con el TDAH pueden beneficiarse de
adiestramiento en destrezas sociales siempre que éste se incorpore a su
programa escolar.
Los
tratamientos con poca o ninguna evidencia empírica de efectividad
incluyen el manejo dietético (tal como altas dosis de vitaminas,
minerales, microelementos u otros remedios naturales populares, así
como la eliminación del azúcar en la dieta), la bioretroalimentación,
el tratamiento quiropráctico o el adiestramiento en integración
sensorial, a pesar de la popularidad de algunos de estos acercamientos
terapéuticos. La psicoterapia a largo plazo, la terapia de juego y
otros enfoques psicoterapéuticos pueden ser de valor para tratar las
dificultades psicológicas que están asociadas al TDAH. Sin embargo, no
hay evidencia empírica en cuanto a su efectividad para el tratamiento
del trastorno en sí.
El tratamiento
del TDAH requiere una evaluación comprensiva de los aspectos
conductuales, psicológicos, educativos y, a veces, médicos, seguida
por la educación de la persona o los miembros de su familia acerca de
la naturaleza del trastorno y los métodos probados como efectivos para
ayudar en su manejo. Es probable que el tratamiento sea
multidisciplinario, requiriendo la asistencia de las profesiones de la
salud mental, educativas y médicas en varios puntos a lo largo de su
trayectoria. El tratamiento debe ser provisto por períodos largos para
ayudar a aquellos con el TDAH en el manejo continuo del trastorno. Al
hacer esto, muchos pueden llevar vidas satisfactorias, razonablemente
ajustadas y productivas.
El tratamiento del TDAH exige la integración de una serie de
medidas: Tratamiento ambiental. El chico con TDAH debe ser
comprendido. No debe ser
inculpado por su falta de atención ni por su hiperactividad, que él, por sí
mismo, no
es capaz de controlar.
Tratamiento pedagógico.
Debe ser encauzado de forma
estrecha, prestándole una
atención individual, cuidando de que se fije en las cosas, y asegurándonos de que ha
comprendido un tema antes de pasar al siguiente. Es frecuente que el chico con TDAH pase
desapercibido hasta 5º o 6º de EGB. Hasta ese curso depende de un solo
profesor, el cual
puede llegar a conocer bien las características de cada chico y programar a lo largo del
día las actividades para que los 2 ó 3 chicos con TDAH de su grupo se mantengan activos
la mayor parte del tiempo. Pero a partir de 5º o 6º, la existencia de varios profesores
distintos, con tiempos limitados (alrededor de 1 hora) para cada clase, hace que el chico
con TDAH pase las horas sin enterarse, y sin que nadie se entere de que él no se entera.
El funcionamiento escolar deun chico con TDAH dependerá de su propio nivel de
inteligencia, de si se encuentra o no un tratamiento médico adecuado, de si sus
profesores comprenden o no sus dificultades, y de si se ponen o no los medios para
corregirlas.
Es necesario capacitar al chico hiperactivo para tener una mejor adaptación escolar e
impedir que se vuelva resentido e inseguro. Lo más adecuado es adaptar el ambiente a las
necesidades de estos chicos, lo cual impone tener que dar consejos prácticos a los padres
y ayudarlos a aplicar técnicas concretas para tratar a los chicos. La educación de
padres y maestros, en lo que son los problemas de los chicos hiperactivos y cómo
manejarlos, parece ofrecer la mejor esperanza para capacitar a los pacientes a sentirse
confiados y felices, a pesar de las limitaciones de su temperamento.
Es probable que los chicos hiperactivos precisen
atención, no solamente por la hiperactividad, la disatención y los trastornos de
aprendizaje, sino también por las
desadaptaciones ambientales y las alteraciones de comportamiento. En la parte de este
trabajo dedicada a alteraciones funcionales del comportamiento hallaremos muchas de las
pautas que es necesario seguir con la familia, los maestros y, en general, con los
diversos ambientes donde el niño vaya a desenvolverse. En el apéndice 7 exponemos un
programa de modelación para encauzar la conducta hiperactiva.
Tratamiento médico.
Los mejores resultados se han descrito con las amfetaminas
(dextroamfetamina especialmente). Sus riesgos (anorexia, potencial
aditivo) han promovido
el empleo de sustancias menos comprometidas; de ellas el metilfenidato
(alfa-fenil-2-piperidineacético-metil-ester), la pemolina
(2-amino-5-fenil-2-oxazolin-4-ona) y el magnesio-pemolina son los de mayor
difusión.
Probablemente el metilfenidato sea la más empleada. Deben valorarse los efectos
secundarios (la anorexia puede acontecer, aunque en menor grado que con las
amfetaminas, y
también su acción inhibitoria de la secreción de la hormona del crecimiento por las
variaciones que induce sobre ritmo de sueño).
Una opción interesante es la pemolina, si bien las dosis aconsejables (1-2 mg por kg
de peso y día en una sola dosis, por la mañana) obligan a recetarlo en formulación
magistral, habida cuenta de que en nuestro país existe solamente en una asociación a
dosis fija de 10 mg por comprimido. Por otra parte, posee los mismos riesgos que los
demás derivados fenil-etil-amínicos, al que se añade el de inducción enzimática
hepática, sensiblemente mayor que con el metilfenidato (el cual se metaboliza
extrahepáticamente en más del 80 %). En la tabla 2.1. exponemos las particularidades de
dichos medicamentos.
En aquellos casos en que el empleo de estimulantes potentes conlleve un riesgo
(antecedentes convulsivos, hepatitis tóxica, etc.) podemos recurrir a la piritioxina en
dosis de hasta 900 mg por día, o a la combinación de piracetam (más de 3 g al
día) y
precursores de la colina (citicolina, pirisuccideanol). Stewart, en 1970, con una buena
perspectiva temporal del problema admitía que los psicoestimulantes provocan tan buenos
resultados que uno se ve tentado a basar el tratamiento en el uso de un
fármaco. Advierte
que el efecto de los estimulantes es puramente sintomático y temporal, por lo que el uso
de éstos debe orientarse a capacitar al chico hiperactivo para tener una mejor
adaptación escolar e impedir que se vuelva resentido e inseguro.
La historia del tratamiento con activadores está ligada a la historia misma de la
"disfunción cerebral mínima". Según el NIMH (National Institute of Mental
Health, USA) el 2% de niños en edad escolar (unos 400.000) están bajo tratamiento
estimulante (metilfenidato y derivados fenil-etil-amínicos especialmente); al mismo
tiempo señala el NIMH que alrededor de 4 millones serían los beneficiarios potenciales
de un tratamiento de este estilo. Los primeros trabajos sobre el tema (Bradley,
Arnold)
hablaban ya de resultados espectaculares. Derivados de la fenil-etil-amina,
metilfenidato, fenetilina, cafeína, pemolina, derivados del
dimetilaminoetanol, precursores directos de
la colina (citicolina), piracetam, son los fármacos más frecuentemente
invocados.
Su efecto general: son estimulantes indirectos de las
catecolaminas, en especial dopamina, al tiempo que inhiben la recaptación de la dopamina por parte de las neuronas
presinápticas. El resultado es un aumento de activación (arousal) en varias regiones
cerebrales, entre ellas la formación reticular ascendente, cuyos efectos
neurofisiológicos serían: una disminución de la sincronía cerebral, una aceleración
del ritmo bioeléctrico y una atenuación de la hiperexcitabilidad neurónica. Desde el
punto de vista neuropsicológico se produce un incremento de los mecanismos de alerta que
conlleva una mejora de la concentración. Según Eysenck los efectos sobre la percepción
y la forma de procesar la información, provocan un "aumento de la
introversión" que conllevaría una disminución de la hiperactividad. Clínicamente
es factible observar, en numerosos casos, la mejora de la atención y la disminución de
la hiperactividad. Los resultados pueden llegar a ser tan espectaculares que llaman mucho
la atención del observador no avisado.
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¿Cuánto tiempo debemos mantener el
tratamiento?
Este es uno de los puntos que más suele preocupar a los médicos no especialistas y,
no digamos, a los no médicos (psicólogos, maestros, etc.) El tratamiento con activadores
es sintomático, pero tiene una finalidad muy clara a medio-largo plazo: evitar la
desadaptación del niño y facilitar sus aprendizajes escolares (al disminuir la
hiperactividad y mejorar la concentración).
El tiempo de tratamiento es muy evidente: mientras persista el trastorno de
hiperactividad y falta de atención. Es imprevisible de entrada predecir tal
duración.
Normalmente el TDAH suele perder fuerza a la entrada de la adolescencia, por lo que no es
raro tener que mantener al tratamiento hasta los 13-14 años. Ello puede significar muchos
años de tratamiento (más de 8 en algunos casos). Es pertinente, de vez en
cuando, cesar
la medicación en forma gradual para evaluar la respuesta respuesta y decidir acerca de la
pertinencia o no de continuar el tratamiento.
|
Fármacos
simpaticomiméticos para el tratamiento del TDAH |
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Fármaco |
Dosis |
Efectos secundarios |
Comentarios |
|
Dextroamfetamina |
2.5 a 40 mg/día |
Insomnio. Anorexia.
Pérdida de peso. Taquicardia. Tics. Baja el umbral convulsivante. |
Aprobada en USA para
niños de 3 años o más. Dar la última dosis antes de las 2 de la tarde. Antes de las 8
de la mañana en el caso de formas retard. |
|
Metilfenidato |
10 a 60 mg/día |
idem. Retraso del
crecimiento estatoponderal. |
Aprobada en USA para
niños de 6 años o más. Dar última dosis antes de las 2 de la tarde. Repartir en dos
dosis (mañana y mediodía). Controles de peso y estatura. |
|
Pemolina |
37.5 - 112.5 mg/día |
idem. Posible inducción
enzimática hepática. |
Aprobada en USA para
niños de 6 años o más. Una sola dosis antes de las 8 de la mañana. |
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Atomoxetina |
1-1,5 mg/kg peso/día |
Falta experiencia |
|
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¿Qué riesgos tiene el tratamiento con psicoestimulantes
en niños con TDAH?
Los trastornos por déficit de atención mejoran espectacularmente con el empleo de
medicación psicoestimulante. Tal medicación mejora también la capacidad de
concentración en sujetos normales (Rapoport y col., 1980). La medicación debe
considerarse como una ayuda temporal que va a mejorar la capacidad de concentración al
tiempo que disminuye la hiperactividad. No debe emplearse como un fin, en sí, sino como
un medio para lograr que el niño mantenga unas pautas de conducta más adaptativas que
las derivadas de su trastorno, y para que sus posibilidades de aprendizaje no se
encuentren disminuídas por la disatención. Por supuesto, debe administrarse bajo un
riguroso control de los riesgos (crecimiento, inducción enzimática, anorexia, insomnio y
habituación). La verdad es que se relatan muy escasos problemas reales de secundarismo en
la bibliografía paidopsiquiátrica a pesar de que los medicamentos psicoestimulantes
simpáticomiméticos son etiquetados a veces como "drogas". No es extraño que
en los circuitos marginales del mercado negro se vendan como tales. Bajo los nombres de
"speed", "amfetas", "furia", y otros no menos
significativos, los derivados simpaticomiméticos gozan de predicamento entre los
consumidores de estimulantes. Derivados ilegales más sofisticados, como el
"extasis", gozan de pretendidas virtudes afrodisíacas. La cocaína sería el
"hermano mayor ilegal", aunque la verdad es que la administración de anfetamina
pura por vía nasal "engaña" a los habituales de la "nieve"
(cocaína).
Pero estas cicunstancias no deben desalentarnos a indicar la administración controlada
de tales fármacos cuando están médicamente indicados. Los efectos indeseables más
limitantes serían: detención (transitoria) del crecimiento, incremento de la
ansiedad,
empeoramiento del hipertiroidismo, empeoramiento de las psicosis y disminución del umbral
convulsivante. La detención del crecimiento no está en absoluto clara, y, al
parecer, no
correlaciona con pretendidos trastornos del sueño (lo que interferiría en la producción
de hormona del crecimiento durante la noche). Es fácil de controlar, y no resulta
definitiva. En estos casos se recomienda interrumpir el tratamiento durante los fines de
semana y los periodos vacacionales, lo que no sería necesario en caso de no aparecer este
efecto adverso. Si, aún así, persistiera, debería considerarse la posibilidad de
interrumpir el tratamiento con fármacos activadores.
En el caso de aparecer náuseas, anorexia o pérdida de
pero, se deberá administrar la
medicación con las comidas y recomendar alimentos con alto valor calórico. Los
fenómenos de rebote pueden obviarse empleando activadores con vida media más larga
(pemolina). En el caso de aparecer ansiedad, agitación o irritabilidad, deberá ajustarse
la dosis. De todas formas la evaluación sería distinta en el caso de aparecer la
ansiedad tras la administración (fase de elevación del nivel plasmático) en cuyo caso
deberíamos disminuir la dosis, o al finalizar el efecto (fase de caída del nivel
plasmático) lo que aconsejaría aumentar la dosis o pasar a fármacos de vida media
larga. Los efectos secundarios más graves serían la dependencia psíquica o física,
relacionados con un aumento de la tolerancia.
No existen evidencias en cuanto a desarrollo de tolerancia en el empleo de
simpaticomiméticos en el tratamiento del TDAH infantil.
Los efectos secundarios citados no resultan difíciles de controlar y de
tratar, aparte
de que son realmente infrecuentes en niños. Los problemas de mala imagen social no
deberían influir negativamente haciendo que los médicos infrautilicemos un tratamiento
clínicamente comprobado, y que ha superado los controles más rigurosos del mundo
(como
son los efectuados por la FDA en USA). La eficacia de los simpaticomiméticos en TDAH
llega al 80% .
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Interacciones de la medicación
Los simpáticomiméticos enlentecen el metabolismo de los antidepresivos tricíclicos
(lo que se emplea a veces como ventaja en el tratamiento de las depresiones
resistentes)
aumentando los niveles plasmáticos. Lo mismo sucede con la warfarina, primidona,
fenobarbital y difenilhidantoína. Aunque es de escasa o nula importancia en
niños, hay
que recordar la disminución del efecto terapéutico que provocan en los
antihipertensivos. Está asimismo contraindicada su asociación con IMAO.
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