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En el estado hipnótico
llegamos a una situación de superconcentración y de descanso, que
comporta los siguientes cambios:
1.
Relajación muscular. El estado es de inmovilidad (excepto en lo
referido a músculos respiratorios) y de ahorro de la energía.
2.
Disociación de las sensaciones corporales. Algunas partes del
cuerpo “no se notan”; El cuerpo se siente ligero y pesado al mismo
tiempo.
3.
Se pierde la atención para todo aquello que no sea esencial. Los
sonidos ambientales parecen lejanos.
4.
Aumenta la capacidad para percibir las sensaciones que uno mismo
se sugiera: cansancio, pesadez, descanso, placidez...
5.
Aumenta la capacidad para disminuir la sensación de tacto, o
incluso de propiciar anestesia, en cualquier parte del cuerpo.
6.
Se puede lograr la regresión en el tiempo: volver a vivir
situaciones pasadas, incluso aquellas que fueron olvidadas por resultar
lacerantes o dolorosas.
7.
La superconcentración permite aprender instrucciones y “grabar”
mensajes con todo detalle.
Los tratados clásicos
proponen tres fases de profundidad en la hipnosis:
1.
Fase I. La relajación muscular es notable, y la conciencia
ligeramente concentrada. El sujeto percibe la relajación (por ejemplo,
si tenía un lápiz en la mano, éste se cae al llegar a la fase I, lo que
puede emplearse como mecanismo de comprobación). El recuerdo del estado
hipnótico es total una vez este ha cesado. Es la fase ideal para el
descanso hipnótico.
2.
Fase II. Sería un estado intermedio entre la fase I y la Fase III.
Además de la relajación el cuerpo se siente muy pesado, y los
movimientos se advierten dificultosos e innecesarios. El sujeto no desea
moverse y responde positivamente a las sugestiones de inmovilidad.
Algunas partes del cuerpo se disocian (es decir, no se perciben). El
recuerdo es total, pero existe una clara distorsión en cuanto a la
percepción del tiempo (media hora en ese estado puede percibirse como
unos pocos minutos). Es la fase ideal para la mayor parte de las
terapias y de los diversos usos de la hipnosis.
3.
Fase III. Se consigue con un poco de tiempo y cuando ya se tiene
amplia experiencia en fases I y II. la relajación es completa y la
concentración de la conciencia es total. Todo lo que no concierne al
pensamiento sobre el que se concentra la conciencia, desaparece. Es la
fase ideal para hacer regresiones, o para integrar mensajes
post-hipnóticos (cosas que se debe hacer una vez terminada la hipnosis).
La percepción del tiempo es casi nula. El recuerdo del estado hipnótico
es fragmentario, y algunos puntos concretos pueden quedar excluidos de
la memoria.
Creo, honradamente, que toda
hipnosis es una autohipnosis. Mi teoría favorita es: Usted entra en un
estado de superconcentración, que llamamos estado hipnótico, y yo le
enseño cómo se hace.
Los métodos para llegar al
estado hipnótico son muy variados. De hecho, el estado hipnótico no
difiere del estado de superconcentración conseguido mediante técnicas de
relajación, de meditación o de yoga. Como dice Krisnamurti, el gran
filósofo de la meditación pura, se trata de llegar a un estado en que la
mente, libre de prejuicios y supeditaciones, simplemente piensa y
observa. El gran maestro compara este estado de “observación” con lo
que significa observar con la vista, por ejemplo, si miramos un balcón
lleno de flores un día de sol. Pero simplemente observando: dejando
pasar la vista sobre las formas, los colores, las luces... sin pretender
contar las flores, ni decir su nombre o variedad, ni juzgar acerca de su
colocación. Simplemente observar: disfrutar de lo que vemos, sin más.
La observación pura más
elevada, según este autor, se consigue cuando el pensamiento se observa
a sí mismo, cuando observador y observado se funden en una sola entidad.
En mi trabajo, enseño a usar
la autohipnosis desde el primer día. Empleo instrucciones verbales que
grabo en una cinta de cassette para cada cliente. La lleva a su casa, y
practica cada día cuanto quiere para ir automatizando la llegada al
estado de “observación”. Así, en futuras sesiones, alcanzar este estado
será cada vez más rápido y los resultados del tratamiento serán más
eficaces en menos tiempo.
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Exponemos tres técnicas
para entrar en estado hipnótico que, a pesar de su aparente sencillez,
son altamente poderosas para lograr la finalidad prevista. Escuchar las
instrucciones en un cassette es una manera eficaz de seguir los pasos
adecuados. En las sesiones “in vivo”, suelo controlar el proceso de
inducción mediante la aplicación de un “polígrafo” (el famoso “detector
de mentiras”) que no es más que un instrumento capaz de ofrecerme en
pantalla la constatación de si el sujeto se relaja o no, lo que me da
ocasión a variar el ritmo de las instrucciones y acomodarlo a cada
persona en particular.
La persona debe colocarse en
una cama cómoda, en un diván o en un sillón reclinable para relajación.
Si usa cojín, éste debe ser de miraguano o de un material sintético
similar y maleable, de forma que fije el cuello y la cabeza de una forma
cómoda y adecuada para cada cual. La luz debe ser tenue, o inexistente.
El ambiente sin ruidos extemporáneos. El teléfono descolgado, y las
demás personas de la casa advertidas de no interrumpir. Las
instrucciones son algo así como:
“Vamos a iniciar el
ejercicio de relajación hipnótica. Busca, en primer lugar, la postura en
la que sientas mayor comodidad, en la que notes que no estás haciendo
fuerza alguna.
Empezaremos con un ejercicio
de cansancio ocular. Coloca tu mano derecha extendida hacia adelante y
arriba, casi por encima de tu cabeza. El puño cerrado y el pulgar
extendido. Mira fijamente la punta del dedo pulgar, sin girar la cabeza
hacia atrás, pero forzando la vista. Deber notar que los ojos se
esfuerzan en mirar hacia arriba y hacia atrás.
Notarás rápidamente una
sensación de cansancio y tensión en ojos y párpados, así como dificultad
para fijar la vista donde deseas, aparición de visión doble y necesidad
de cerrar los ojos. Compara esta tensión con el bienestar que percibirás
al cerrar los ojos y bajar la mano. Hazlo ahora.
Iniciarás un ejercicio de
respiración profunda. Debes respirar profunda y acompasadamente. En cada
inspiración tomarás todo el aire que seas capaz, y lo expulsarás por
completo en cada exhalación. Debes notar que, al respirar profundamente,
tu abdomen, la zona de tu ombligo, se desplaza arriba y abajo al tomar y
expulsar el aire. Concéntrate en pensar que cada vez que expulsas el
aire es como si eliminases tensión de tu cuerpo.
Al cerrar los ojos notaste
una sensación de bienestar y descanso en tus párpados y en tu frente.
Dejaremos ahora que este bienestar se expanda por todo tu cuerpo.
Concentra tu atención en tu
brazo derecho. Repásalo mentalmente, desde el hombro hasta la mano,
comprobando que esté perfectamente apoyado y que no haga fuerza alguna
para mantener su postura.
Cuando oigas la palabra
“tensión” colocarás en tensión todos los músculos del brazo, aunque sin
moverlos de sitio. No lo levantes ni cierres el puño. Simplemente tensa
todos los músculos. Lo mantendrás durante unos diez segundos, hasta que
oigas la palabra “basta”. En ese momento cesarás de forma inmediata la
tensión, tan rápido como si accionases un interruptor, y tu brazo
quedará colocado en reposo. En unos treinta segundos, de forma
automática, el brazo quedará como desconectado, en reposo, como si
estuviera junto a tu cuerpo pero sin formar parte de él. La sensación es
de calma y de descanso. Así pues, con el brazo derecho “¡Tensión!”...
“¡Basta!”. Tu brazo derecho se desconecta y queda en reposo junto a ti.
Respiración profunda... Tu brazo derecho va entrando en estado de calma
y sosiego.
Concentra ahora la atención
en el brazo izquierdo. Repásalo también mentalmente para comprobar que
está bien apoyado... Cuando oigas la palabra “tensión” harás la tensión
con los músculos del brazo izquierdo. La mantendrás hasta que oigas
“basta”, y, en ese momento, desconectarás la tensión y dejarás que tu
brazo entre en reposo. Así pues, con el brazo izquierdo, “¡Tensión!”...
¡”Basta!”. Respiración profunda... También tu brazo izquierdo se
desconecta y va quedando en reposo.
Tu cuerpo va entrando en
relajación, como si fuera cubierto por una nube. Trabajaremos ahora tu
pierna derecha. Repásala mentalmente desde la cintura hasta el pie.
Comprueba que esté perfectamente apoyada, sin hacer fuerza. Cuando oigas
la palabra “tensión”, tensarás firmemente todos los músculos de la
pierna derecha. Cuando oigas “basta” soltarás la tensión, y también la
pierna derecha quedará en reposo junto a ti. Así pues, con la pierna
derecha, “¡Tensión!”... “¡Basta!”. También tu pierna derecha entra en
estado de reposo. Respiración profunda... Deja que tu cuerpo se vaya
sintiendo distendido y plácido.
Trabajaremos ahora tu pierna
izquierda. Comprueba mentalmente que está bien apoyada. Cuando oigas
“tensión” harás la contracción con los músculos de la pierna izquierda.
Cuando oigas “basta” la soltarás, y, en ese momento, la inmensa mayor
parte de tu cuerpo estará en reposo con lo que se incrementará la
sensación de descanso.
Así pues, con la pierna
izquierda, ¡”Tensión!”... “¡Basta!”. Respiración profunda...
¡Descansa!...
La relajación hipnótica es
un estado de descanso en que dejamos nuestros músculos relajados e
inmóviles, al tiempo que la mente se concentra y se calma. La sensación
corporal que notarás es doble. En algunos momentos sentirás tu cuerpo
como pesado, como pegado a la cama o sillón, pero en otros momentos lo
sentirás ligero, leve, como si estuvieras sobre un colchón neumático
flotando sobre el agua tranquila. Esta doble sensación es propia de los
estados de relajación hipnótica superficial.
Tu mente también la
percibirás con una doble sensación. Por una parte notarás una fuerte
concentración, un total control. sabes donde estás, qué haces, para qué
lo haces. Por otra parte, notarás un alejamiento del entorno, como si
las cosas estuvieran lejos y confusas... También esta doble sensación,
de control y de abandono, es propia de los estados de relajación
hipnótica superficial.
Unos minutos de relajación
proporcionan más descanso que un tiempo mucho mayor de sueño. Esto es
así porque durante el sueño no hay control. Puedes soñar, moverte,
respirar agitadamente... Pero durante la relajación el control es total.
Sabes lo que haces. Tu inmovilidad es total y plácida. Únicamente haces
los movimientos de la respiración, los ejercicios para aumentar la
relajación o pequeñísimos movimientos para acomodarte en un momento
dado. El resto del tiempo, el cuerpo descansa. La mente descansa.
La mente, en estado
hipnótico, adopta una postura de observación. Simplemente observa. la
conciencia se concentra en los puntos en que tu deseas concentrarte.
Todo lo demás no se percibe.
Durante la relajación
hipnótica puedes aprovechar para eliminar tensión. Respira
profundamente. Oxigenarás tu cuerpo, relajarás la musculatura de tórax y
abdomen, y, en cada exhalación, es como si abrieses la espita que
descarga el depósito de las tensiones acumuladas.
Saldrás del estado de
relajación en tres fases. Primero las explicaremos. En la fase uno, al
oir “uno”, abrirás los ojos. En la segunda fase, al oir “dos”, harás
movimientos suaves con manos, brazos y piernas, para sentir nuevamente
el movimiento corporal. En la tercera fase, al oir “tres”, darás por
terminado el ejercicio. Desconectarás mentalmente, y volverás a tu
estado normal, con la intensa sensación de haber descansado y de
mantener un estado mental de equilibrio y firmeza.”
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Las técnicas de
visualización consisten en representar en el pensamiento imágenes que
intentan “vivirse” de forma lo más completa posible. Debemos entrenarnos
en percibir la imagen con todos los detalles que puedan captar los
sentidos. Es como si entrásemos en la situación y buscásemos percibirla
en su plenitud, reproducirla en nuestra mente con sus menores detalles.
No es difícil, aunque al
principio pueda parecerlo. He aquí un método con tres aproximaciones
sucesivas, relativamente fácil de percibir. Veamos las instrucciones:
“Iniciaremos un ejercicio de
visualización. Ponte en una postura cómoda, respira profundamente y
mantén tus ojos cerrados.
Visualizarás, en primer
lugar, una imagen de cansancio físico. Busca en tu recuerdo algún
momento de tu vida en que hayas sentido un intenso cansancio físico.
Quizá después de hacer algún ejercicio agotador, una excursión, o un
trabajo, cambiar muebles...
Debes recordar intensamente
esta situación. Colócala en tu pensamiento y rememora los detalles.
Cuál era tu vestimenta, qué personas había, cómo era la luz, el
ambiente. Qué olores sentías. Cómo era tu respiración. Qué sonidos
percibías... Rememora también la sensación de cansancio, quizá de sudor,
de sed. La necesidad de sentarte o echarte, de descansar.
Deja que todo tu cuerpo se
impregne de la sensación de cansancio... tus brazos pesados, tus
piernas... Siente ahora el efecto del cansancio sobre tu cuerpo.
Descansa.
Visualizarás en segundo
lugar una situación de bienestar y placer afectivo, en compañía de otra
persona. Puede ser, o no, una relación de pareja. Debe ser alguna
situación que recuerdes con especial ternura. Una de las veces que has
sentido con más intensidad la vivencia de afecto, de cariño, de dar y
recibir, de entregarte.
Recuerda intensamente la
situación. Colócala en el pensamiento. Recuerda quiénes estabais. Como
ibais vestidos. Como era el ambiente, la luz, las sombras, las cosas,
los muebles, el olor, los sonidos, las voces, el silencio, el tacto...
Recuerda cómo te sentías, como se sentía la otra persona. Deja que la
corriente de afecto y ternura pase otra vez por tu cuerpo y tu mente.
Imprégnate de esa sensación. Siente el bienestar y el deleite que la
situación conlleva. Siente el efecto de est tranquilidad sobre tu
cuerpo. Descansa.
Pasaremos ahora a visualizar
una escena de descanso en el paisaje más hermoso que recuerdes haber
visto en toda tu vida. Ese lugar maravilloso que te evoca paz, reposo y
serenidad. Donde es posible fundirse con la naturaleza, gozarla...
Obsérvate en ese paisaje,
mirándolo, sintiéndolo, gozándolo. Rememora el espacio con todos tus
sentidos: la luz, las sombras, los colores, la humedad, la temperatura,
cómo es tu forma de vestir, tu actitud. Qué olores se sienten. Cómo es
el aire, la brisa, la atmósfera, el cielo...
Deja que tu cuerpo y tu
mente se integren ahora en este paisaje. Siente cómo todo tu cuerpo se
impregna de esa sensación de paz y sosiego. Descansa”
En breves minutos es posible
reproducir las visualizaciones expuestas, y pasar a un estado de
concentración mental propio de la autohipnosis. Podemos, a partir de
ahí, pasar a visualizaciones más concretas, para solventar problemas
personales o para entrenar habilidades.
Cuando tengas experiencia en
autohipnosis mediante alguna de las técnicas explicadas, quizá te
interese crear tu propia técnica para llegar lo más rápidamente posible
al estado de superconcentración. Te expongo a continuación una técnica
mixta, relativamente rápida, que combina elementos de relajación
muscular y de visualización. Insisto en que, para lograr resultados con
esta técnica, debes tener experiencia concreta en cada una de las
técnicas anteriores, y saber perfectamente qué sientes cuando llegas al
estado hipnótico.
Las instrucciones son:
“Vamos a iniciar el
ejercicio de relajación hipnótica. En primer lugar vas a provocar un
cansancio ocular. Para ello vas a fijar tu vista hacia arriba, hacia un
punto del techo. Debes notar que estás forzando la vista, hacia arriba y
hacia atrás. Ello te producirá, en pocos momentos, un cansancio en los
párpados. Notarás tensión y cansancio sobre los ojos, y necesidad de
cerrar los párpados. Cierra los ojos... Descansa.
Mantendrás la respiración
acompasada y profunda. Recuerda que debes inhalar todo el aire que
puedas, y soltarlo cada vez por completo.
Impregna tus brazos y
piernas de la sensación de pesadez. Siéntelos pesados, sueltos, como si
cayeran. Comprueba que tus brazos y piernas se notan pesados, como
pegados a la cama o al sillón.
Visualiza la escena de
descanso en el paisaje relajante. Concéntrate en los detalles: el aire,
la luz, los colores, los ruidos, los olores...
Deja que la sensación de
pesadez en brazos y piernas se transforme en sensación de relajación, de
descanso. Que la pesadez alterne con la ligereza. Sensación de
flotación, de que tu cuerpo reposa mientras tu pensamiento se concentra
en la visualización...”
A partir de ahí, podemos
incluir en el proceso las visualizaciones que nos interesen.
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Hasta ahora hemos visto lo
que es la hipnosis de teatro, y unas instrucciones útiles para la
hipnosis médica y la autohipnosis. Vamos a ver ahora cuáles son los
posibles usos de la hipnosis para solucionar problemas psicológicos, o
para mejorar nuestra manera de ser.
Este es un punto muy
controvertido. Algunos especialistas en hipnosis médica dicen que
solamente una persona de cada diez es hipnotizable. Otros llegan a una
de cada cuatro.
En mi trabajo diario he
llegado a la conclusión de que, en la consulta médica, prácticamente
todo el mundo puede llegar a un estado de relajación hipnótica. Bien es
verdad que hay algunas excepciones, que ahora contaremos, pero la mayor
parte de la gente es capaz de entender el proceso hipnótico... si se lo
explican de la forma adecuada.
Cuando alguien acude al
médico en demanda de ayuda, se establece entre ambos (médico y cliente)
una relación de cooperación que llamamos alianza terapéutica. Ambos
cooperan para llegar al mismo objetivo.
Desgraciadamente, eso no
sucede siempre. La masificación de según qué consultas médicas y la
sustitución de la relación humana por un exceso de tecnología provoca un
“enfriamiento” de esta relación.
Pero en mi trabajo diario he
mantenido el establecimiento de este vínculo, “a la vieja usanza”, sin
prescindir para nada de la tecnología (manejo un completo laboratorio de
neurofisiología, con toda clase de aparatos: electroencefalograma,
maping cerebral, potenciales evocados cerebrales, reacciómetros,
taquistoscopios, polígrafo, ordenadores...) A pesar de esta
“tecnificación”, sigo pensando que la relación médico-cliente es vital,
y me encanta trabajar de esta manera. Fijaos que hablo de “clientes” y
no de “enfermos” o “pacientes”. Tengo muy claro que, por más que posea
un Doctorado y dos Especialidades, soy alguien que ofrece unos servicios
a cambio de unos honorarios. Me gusta pensar así, porque, de esa forma,
tengo un poderoso estímulo para trabajar cada día lo mejor posible: si
no lo hago bien, si no consigo resultados, perderé clientes y no
conseguiré otros nuevos.
Algunos colegas no acaban de
entender esta manera de pensar. Los que actúan con “mentalidad
funcionarial” (y mucho peor si trabajan en puestos “funcionariales”)
tienden a hacer el mínimo, especialmente si sus honorarios no dependen
de si lo hacen bien o no. Fijaos en que digo “los que tienen mentalidad
funcionarial”, que no son todos, ni mucho menos. En “puestos
funcionariales” hallamos también bellísimas personas, con mentalidad
seria, encaminados a prestar sus conocimientos de una manera eficaz y
entregada, buscando crear con sus pacientes el vínculo que hace pensar
al paciente “Este es mi médico” y al médico “Este es
mi paciente”.
Si creamos este vínculo
(que, por otra parte, exige casi siempre la libre elección de médico)
será fácil trabajar con cualquier técnica. Si proponemos a nuestro
cliente una técnica útil, como la hipnosis, y le explicamos clara y
honestamente qué es y para qué sirve, el cliente aceptará la oferta que
le hace su médico, en quien confía, como persona y como
profesional.
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Medir la “hipnotizabilidad”
significa hacer unas pruebas previas para comprobar si el sujeto es
“hipnotizable o no”. Existen diversos “test” concretos que sirven para
probar si un sujeto es sugestionable, dúctil... en suma, para predecir
si podremos llegar o no a hipnotizarle.
Pero ya os he contado que mi
razonamiento es muy distinto. No se trata de que yo vaya a hipnotizar a
mi cliente. Lo que hago es “enseñarle cómo entrar en estado hipnótico”.
Creo que, si empezamos
haciendo “pruebas de hipnotizabilidad” estamos dando una imagen de
incertidumbre. Transmitimos la idea de que “a lo mejor podemos, y a lo
peor no”.
Prefiero decir a mi cliente:
“Vamos a entrar en estado de relajación hipnótica. Te enseñaré como se
hace, te grabaré las instrucciones en un cassette, y luego lo repetirás
en casa. Quizá las primeras veces no consigamos una gran intensidad,
pero eso es lo de menos. Buscaremos, de momento, una relajación
hipnótica superficial, y, con la práctica, verás como cada vez obtienes
una relajación más intensa.”
Controlo la situación con el
polígrafo (“la máquina de la verdad”) que me ofrece, a tiempo real,
información sobre si el cliente se relaja o no. Cambio mis instrucciones
sobre la marcha y doy por terminado el ejercicio cuando constato que el
paciente obtiene una relajación leve o moderada. A partir de ahí, la
práctica en su casa nos demostrará si es capaz de repetir o no el
proceso.
Hay personas que lo
consiguen muy fácilmente. Otras, en cambio, comunican en la siguiente
consulta que “son incapaces” de relajarse. Con estos últimos, ensayamos
algún otro método, o, en su caso, renunciamos a las técnicas de
relajación e hipnosis.
Pero son los menos. En mi
estadística, nueve clientes de cada diez pueden beneficiarse de esta
técnica... en el caso de que la técnica sea apropiada para su problema.
Esto lo explicaremos en los apartados siguientes.
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Hay una serie de problemas
psicológicos en los que la hipnosis es inoperante o, peor aún,
contraproducente. Son los siguientes:
1.
Depresión.
Los pacientes depresivos, con cualquier tipo de depresión (ver en esta
misma colección el manual del Dr. Manuel Alfonso acerca de “Depresión y
Ansiedad”), tienen muy difícil la obtención de cualquier tipo de
relajación, sea por el método que sea. La depresión, a pesar de su
expresión psicológica es una enfermedad orgánica y como tal hay que
tratarla. La primera fase del tratamiento debe incluir el empleo de
medicamentos antidepresivos. Más adelante, cuando la persona sale del
estado depresivo, la “ansiedad obsesiva” (dar vueltas y vueltas a las
cosas, sin llegar a resultados) desaparece, y la persona es capaz de
concentrarse. Recordemos que la hipnosis es un estado de
“superconcentración” y que cualquier depresión, aún las leves, provocan
problemas importantes para fijar la atención.
2.
Esquizofrenia y síntomas
psicóticos en general. La esquizofrenia
es una enfermedad mental grave que consiste en una pérdida del contacto
con la realidad. Los delirios (sistemas de pensamiento sin contenidos
reales) y las alucinaciones (percibir cosas que no existen) son los
“síntomas psicóticos” más habituales. En cualquier psicosis (palabra
prácticamente sinónima de esquizofrenia) aparecen también síntomas de
deterioro. La persona se vuelve más o menos inútil para el trabajo, el
estudio, las relaciones sociales y afectivas. Este tipo de pacientes
pueden vivir la hipnosis en forma delirante, percibiéndola como una
“intromisión” en su pensamiento, o en una forma de perjudicarles.
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La hipnosis y, en
consecuencia, la autohipnosis, constituye un complemento eficaz en
el tratamiento de una gran diversidad de problemas. Exponemos los
más experimentados.
Es mi aplicación
favorita. En este caso empleamos la hipnosis para “grabar”
conocimientos y nuevas actitudes que permitan al sujeto enfrentarse
mejor a los problemas que la vida proporciona.
Tomemos un ejemplo: Si
una persona cree que es muy importante conseguir la aprobación y el
aprecio de quienes le rodean, se siente mal cuando cree que no lo
consigue. Puede incluso actuar de forma forzada, buscando que
“todos le quieran”, aunque para ello deba renunciar a su propia
manera de ser, o deba hacer concesiones que, en el fondo, le
frustran.
Lo que nos afecta no son
los hechos, sino la visión que tenemos de ellos. Y la visión que
tenemos de los hechos depende, en gran medida, de “cómo hemos
aprendido a ver los hechos”. Una “idea errónea” como la expuesta
(“Debo agradar a todo el mundo”) hace que veamos a los demás como
jueces a quienes tenemos que agradar por encima de todo, lo que nos
supedita constantemente a las opiniones de otras personas.
En otras palabras, las
“ideas erróneas” hacen que “veamos la realidad” de forma deformada.
Si la idea errónea es “Mejor evitar los problemas que afrontarlos”,
la persona se pasa el tiempo cerrando los ojos ante los problemas, y
soslayándolos en lugar de tratar de resolverlos. A la larga, acaba
por no saber qué hacer ante ningún tipo de problema, y, lo que es
peor, se siente cada vez más incapaz. Le falta “entrenamiento” en el
hábito de afrontar la realidad.
En estos casos, la
técnica hipnótica puede ser de gran ayuda. Para cada “idea errónea”
grabamos instrucciones racionales que pasarán a formar parte de los
esquemas mentales del sujeto. El estado de relajación hipnótica
supone una “superconcentración” que permite aprender las cosas con
gran facilidad. Si las ideas son simples, racionales y claras, se
“insertan” en la mente de quien las practica y, en poco tiempo,
pasan a formar parte del “pensamiento automático”. Llamamos
pensamiento automático al pensamiento que, constantemente, estamos
produciendo, aún cuando no nos damos cuenta. Es una especie de
“diálogo interior” que mantenemos con nosotros mismos, casi
inconsciente, pero que comporta constantes “instrucciones” acerca
de cómo actuar y acerca de qué valores debemos asumir.
Si quieres practicar con
algún “pensamiento erróneo”, te ofrezco una lista de los más
habituales, y, para cada uno de ellos, los “mensajes racionales” que
debes grabar en tu cinta de autohipnosis tras las instrucciones para
inducir la relajación hipnótica. En el cupón que adjuntamos a este
libro hallarás la lista de cintas que tenemos ya grabadas, por si
quieres solicitar alguna concreta para tu uso.
1.1.1.1
Ideas erróneas más habituales
1.
Necesidad de aprobación. Ya la hemos comentado. La idea
errónea es que el sujeto cree que debe, inexorablemente, conseguir
el aprecio, la aprobación o el afecto de quienes le rodean. Como
todas las ideas erróneas se apoya en algo que es cierto: es bueno
conseguir aprobación... pero es imposible conseguirla siempre.
2.
Necesidad de perfección. Creer que uno debe ser
irremisiblemente perfecto. Que no tiene derecho a equivocarse. Que
el error nos debe hacer sentir culpables. El perfeccionista
patológico va dejando de hacer las cosas que no puede hacer a la
perfección, con lo que cada vez va haciendo menos y está dispuesto a
aceptar menos responsabilidades. Suele ser muy molesto para los
demás, si exige también perfección suprema a quienes le rodean.
3.
Hay que buscar a los culpables; su castigo resuelve el
problema. Pero, desgraciadamente, es más importante la prevención
que el castigo. Por otra parte, quien siempre busca “culpables”,
tiende a desechar su propia responsabilidad.
4.
Las cosas deberían ser como necesitamos que sean. “Mi vida
sería maravillosa si las cosas fueran como yo quiero”. Pero la
realidad es distinta: las cosas son como son y no necesariamente
como nos gustaría que fuesen.
5.
Los acontecimientos externos son la causa de nuestros males.
Recordemos el mensaje básico: lo que nos afecta no son los hechos,
sino la manera que tenemos de afrontarlos. Los acontecimientos
externos son como son. Nosotros tenemos que aprender a afrontarlos
de la mejor manera posible.
6.
Es normal sentir ansiedad. Hay personas que están tan
acostumbradas a ser “sufridores”, que creen que lo normal, o incluso
lo deseable, es sufrir por todo y por todos.
7.
Es mejor evitar los problemas que no afrontarlos. No es
verdad. La vida nos depara constantemente situaciones problemáticas,
y hemos de aprender a afrontarlas. Otra cosa es prevenir problemas.
Pero, cuando aparecen, no hay más remedio que pechar con ellos y
resolverlos de la mejor manera posible.
8.
Necesitamos ayuda. Hay personas que se sienten enteramente
desvalidas cuando deben actuar por su cuenta, afrontar
responsabilidades o tomar decisiones. Nunca va mal tener un apoyo...
pero es imprescindible que perfeccionemos nuestra autonomía para
obrar por nuestra cuenta. No siempre nos será posible contar con la
ayuda que deseamos.
9.
El pasado nos determina. hay personas “marcadas” por su
pasado. Bien es verdad que algunos sucesos pueden resultar altamente
condicionantes (por ejemplo, haber nacido con un defecto genético),
pero eso no “determina” la vida en sentido estricto. Cada persona
puede evolucionar. El pasado no es sino algo que ya ha sucedido. No
podemos volver atrás a cambiar nada. debemos afrontar el presente, y
mirar de progresar día a día sin caer en la trampa de la pasividad
que supone decir: “Soy así. Nada puedo hacer”.
10.
La felicidad aumenta con la pasividad. Hay personas cuya
manera de reposar es “no hacer absolutamente nada”. Sí que hay
momentos de la vida en que puede ser grato tomarnos este tipo de
descanso. Pero quien no tenga otras alternativas... tendrá una vida
muy poco enriquecedora. Y una jubilación dramática.
11.
No tenemos control sobre nada. Hay quien cree que, en este
mundo, somos seres pasivos e impotentes, que nada podemos hacer para
cambiar el curso de nuestras vidas. Ello les lleva a una pasividad
insoportable, que comporta, a la larga, sentimientos de frustración
y depresión.
12.
Somos frágiles y debemos evitar el sufrimiento a toda costa.
Lo cual lleva a quienes tengan esta idea errónea a evitar todo
esfuerzo, o a ignorar todo aquello que comporta una dificultad.
Nuevamente la pasividad y la desesperanza son las consecuencias
finales de este tipo de pensamiento irracional.
13.
Las relaciones se basan en el sacrificio. No necesariamente.
Tan bueno es dar como recibir, pues las relaciones deben basarse en
el respeto mutuo. Si en una relación, una de las partes se
“sacrifica” siempre, no es raro que, a la larga, sienta que le han
estado tomando el pelo.
14.
Si no haces lo que proponen los demás, estarás solo. Pero
lo importante es hacer lo que realmente deseamos hacer, o lo que nos
conviene hacer. Por otra parte, la soledad no es necesariamente
negativa. Hay muchas cosas enriquecedoras que podemos hacer sin
compañía. El “miedo a la soledad” es un mal consejero a la hora de
plantear nuestras relaciones con los demás.
15.
Cuando te desaprueban, es que estás errado. No
necesariamente. Tenemos derecho a pensar y obrar “en conciencia”. Si
tenemos la seguridad de actuar de acuerdo a nuestras convicciones,
tenemos derecho a hacerlo.
16.
Existe el amor perfecto y la relación ideal. Pero “nadie es
perfecto”. No existe la “media naranja”. Cada cual tiene sus
virtudes y sus defectos, y, en cualquier relación, hemos de
profundizar para conocer unos y otros, y ver si casan con los
nuestros. Quien espere la “pareja ideal”, puede esperar sentado.
17.
El valor de una persona deriva de cuanto consiga o realice.
Es un pensamiento habitual en tiempos de materialismo. Pero no
olvidemos que un imbécil, aunque gane mucho dinero, sigue siendo un
imbécil.
18.
El enfado es destructivo. No siempre. A veces es lícito
enfadarse (otra cosa sería descargar la ira o la agresividad sobre
los demás). Hay ocasiones en que un enfado nos puede “mover” a
tomar decisiones necesarias.
19.
Es un error anteponer nuestras necesidades. Hay personas que
creen que siempre deben anteponer las necesidades de los demás, y
constantemente se rebajan o posponen. Pero es lícito anteponer
nuestras necesidades cuando ello es necesario para nuestra
autoestima. Con tal de que no ataquemos los derechos de los demás,
es bueno defender los nuestros. Incluso en el Evangelio se dice que
un mandamiento capital es “amar al prójimo como a ti mismo”. Es
decir, que el “amor por uno mismo” es puesto como medida de lo que
debe ser el amor hacia los demás. Quien no sabe respetarse a sí
mismo, ni sabrá respetar a los demás, ni será respetado por ellos.
1.1.1.2
Ideas racionales para “grabar” en nuestro pensamiento
He aquí una serie de
afirmaciones racionales, para las ideas irracionales más relevantes:
1.1.1.2.1
Afirmaciones "anticulpa"
No quiero sentirme
culpable porque no me servirá para nada
No puedo volver atrás en
el tiempo
Hice lo mejor que sabía
en aquel momento
Haré lo necesario para
mejorar día a día
Me perdono por no ser
perfecto/a
Perdono a los demás por
no ser perfectos/as
Tengo valor para decir
"lo siento"
Puedo guiar a mis hijos
sin necesidad de controlarles
No quiero tener
pensamientos autodestructivos
He elegido estar en paz
conmigo, en lugar de sentirme culpable
Viviré el presente en
lugar del pasado
1.1.1.2.2
Obtener aprobación
Obtener aprobación de
todos los que nos rodean es imposible.
Existen muchas formas de
pensar. No es posible coincidir con todas.
Cada cual tiene derecho
a tener su propia opinión.
No podemos gustar a todo
el mundo. Incluso en una elección política, los líderes con mayoría
absoluta suelen obtener menos del 33% de los posibles votos
(contando las abstenciones). Ello significa que solamente les
aprueban 1 de cada 3 personas.
Si queremos expresar
opiniones que gusten a todos, no tenemos más remedio que renunciar a
algunas de nuestras ideas. Tenemos derecho a tener nuestras propias
ideas.
Si hacemos concesiones
para gustar a los demás, dejaremos de tener opiniones propias.
Si para contentar a los
demás y conseguir su beneplácito queremos estar de acuerdo con
ellos, deberemos adaptar nuestra forma de pensar a la forma de
pensar de cada uno de los demás, con lo que estaremos cambiando de
opinión constantemente.
A la larga los demás se
darán cuenta de que no tenemos ideas propias, y, lo que es peor, de
que cambiamos de idea con excesiva frecuencia.
No somos lingotes de oro
que vaya a gustar a todo el mundo. Somos personas, con nuestras
virtudes y defectos. Gustaremos a unos y desagradaremos a otros.
1.1.1.2.3
Perfeccionismo
Los seres humanos no
somos perfectos... al menos en esta vida. La perfección total es
inalcanzable.
Es verdad que debemos
intentar hacer las cosas lo mejor posible, de acuerdo con nuestras
posibilidades reales, pero la perfección completa no está a nuestro
alcance.
Si intentamos hacer las
cosas perfectas, perdemos tiempo y nunca llegamos a estar totalmente
satisfechos.
Dejamos de hacer cosas
si solamente hacemos aquello que creemos hacer perfecto
Limitamos nuestras
posibilidades, incluso de diversión. Imaginemos que solamente
jugásemos al tenis si fuésemos capaces de llegar al nº 1 del mundo.
Ni siquiera el nº 1 es
perfecto. Todo ser humano se equivoca.
Tenemos derecho a
equivocarnos. No debemos hundirnos ante el error.
El fracaso forma parte
de nuestras vidas. Ante el fracaso debemos aceptar su existencia
inevitable, analizar nuestros errores e intentar enmendarlos. Pero
debemos aceptar el fracaso como algo inherente a nuestros actos.
Solamente no se
equivocan quienes nada intentan.
No hay peor error que el
de quien nada intenta.
Debemos educar a
nuestros hijos en la aceptación del fracaso. La posibilidad del
fracaso debe estar entre las "reglas del juego".
1.1.1.2.4
El castigo de los viles asegura nuestra felicidad.
Es cierto que existen
seres viles, pero ello no nos exculpa a nosotros de nada.
Cada uno debe aceptar
sus propias responsabilidades. No podemos echar a los demás, sean
viles o no, la culpa de nuestras desgracias.
Cada uno debe ser dueño
de su vida, de la mejor manera posible.
La existencia de mafias
y traficantes, por ejemplo, no explica por sí sola, la existencia de
drogadictos. Cada uno de nosotros debe procurar, en su casa, el
ambiente necesario para que los chicos no caigan en manos de las
adicciones.
Nuestras escalas de
valores deben ser claras y sólidas. Ello garantizará que las
personas de nuestro entorno, que han aprendido nuestras escalas de
valores, no vayan a caer en manos de quienes tienen escalas de
valores al margen de la ley.
Debemos ser muy
consecuentes con nuestras escalas de valores. Si no lo hacemos así,
damos a quienes nos rodean malas lecciones acerca de cómo respetar
las normas.
Debemos ser rectos con
nuestras escalas de valores. No cambiarlas a nuestro antojo o en
forma relativista. Si se hacen excepciones deben ser muy razonadas y
perfectamente previsibles por los demás.
1.1.1.2.5
Las cosas deberían ser tal y como deseamos
Las cosas son como son,
nos guste o no.
Cuando algo es quiere
decir que ha sido así porque se han dado las circunstancias precisas
para que así fuera. Todo lo que es, es.
No podemos volver atrás
en el tiempo a cambiar nada.
Podemos hacer cosas en
el presente (no en el pasado) y cambiar, en lo posible, las
consecuencias de las cosas, pero las cosas (los hechos que ya han
sido) no es posible cambiarlos.
Los hechos suceden sin
tener en cuenta el concepto de "justicia". La vida no es "justa" en
el sentido que nosotros entendemos cuando decimos "¡no hay
derecho!". La vida no entiende de buenos ni malos. Hay "malos" que
medran, en tanto que los "buenos" mueren. También sucede lo
contrario. En esta vida no es posible alcanzar el concepto de
justicia total.
Si no aceptamos las
cosas tal como son, mal podremos afrontarlas.
La realidad es
inevitable. Podemos cerrar los ojos, o esconder la cabeza, pero la
realidad sigue ahí.
1.1.1.2.6
Los acontecimientos externos son los culpables.
Los acontecimientos
externos no son los culpables de nuestras emociones, sino la forma
como nosotros afrontamos estos acontecimientos.
Nuestra forma de ver el
mundo condiciona lo que nosotros pensamos acerca de las cosas.
Nuestra forma de ver las
cosas depende de nuestra experiencia, de nuestras escalas de
valores, de nuestros estados de ánimo, de nuestros conocimientos...
Todo es según del color
del cristal con que se mira. Una misma situación puede ser juzgada
de formas muy distintas por diferentes personas. Incluso situaciones
aparentemente absolutas, son relativas según quienes las vea (por
ejemplo: si muere un hombre, sus amigos se entristecen, pero sus
enemigos pueden alegrarse).
Hemos de aprender a
afrontar los acontecimientos. Cuanto mayor sea nuestra capacidad
para afrontar hechos, mejor preparados estaremos `para actuar
siempre de acuerdo con lo posible.
Hay veces que la única
respuesta adecuada es la resignación. No podemos luchar contra las
cosas que no tienen solución. La solución, en estos casos, es
aceptar que no hay solución a nuestro gusto.
1.1.1.2.7
Es normal sentir ansiedad.
Si acepto que es normal
sentir ansiedad, sentiré ansiedad.
La ansiedad depende de
lo que yo pienso acerca de los hechos. Si en mi diálogo interior me
digo cosas que me van a hacer sentir ansiedad, sentiré ansiedad.
Soy yo quien elige la
ansiedad. Si aprendo a pensar de forma sensata y racional, no tendré
por qué sentir ansiedad.
Sustituiré la "ansiedad"
por la "preocupación". No permitiré que la ansiedad me bloquee.
No quiero tener
ansiedad. No me va a servir para nada.
Cuando siento ansiedad
me bloqueo. Mi corazón se acelera, mis manos tiemblan, mi mente se
dispara, sudo, se me hace un nudo en el estómago, se me saca la
boca... todo ello no me sirve para nada.
Cuánto más tranquilo
esté, mejor afrontaré los obstáculos, aún aquéllos que parecen muy
difíciles.
1.1.1.2.8
Es mejor soslayar los problemas que afrontarlos
Si soslayo o eludo los
obstáculos, en lugar de hacerles frente, en el fondo elijo la
solución más cómoda, más pasiva... pero menos eficaz.
Por más que lo ignore,
sigue ahí.
No me entreno a resolver
problemas ni a afrontarlos.
No resuelvo nada, con lo
que, a la larga, perderé autoestima y creeré de mi que no soy capaz
de hacer nada positivo.
La conducta neurótica
por excelencia es la comodidad de no hacer nada. Es necesario
aprender a afrontar la realidad, los obstáculos, los problemas... y
buscar la mejor manera de actuar ante ellos.
Resolver los problemas
quiere decir, simplemente, decidir cuál es la mejor solución
posible, de acuerdo con la realidad. Aprender a afrontar problemas
es una forma más de aceptar la realidad.
1.1.1.2.9
Es necesario contar con la ayuda de algo o alguien más fuerte
que nosotros
No es malo contar con la
ayuda de algo o alguien más fuerte... siempre que ello no nos
bloquee cuando estamos solos.
No siempre es posible
contar con ayuda.
Debemos aceptar nuestras
responsabilidades en lugar de cargarlas a otras personas.
Si siempre buscamos
ayuda o apoyo, no ganamos autoestima. La mejor forma de obtener
autovaloración es estar de acuerdo con lo que nosotros hacemos o
pensamos, sin tener que recurrir a los demás.
No siempre la ayuda será
la más eficaz. Buscar apoyo en los demás es una forma de
dependencia. Las personas dependientes son las que, con mayor
facilidad, caen en dependencias inadecuadas (sectas, drogas...)
"A Dios rogando y con el
mazo dando". Ni siquiera una fe sobrenatural nos garantiza la
pasividad total en nuestra vida. Obra mal quien se encomienda... y a
partir de aquí se deja ir. Ni el apoyo de una fe sobrenatural nos
exime de nuestras obligaciones.
1.1.1.2.10
El pasado nos determina
El pasado puede
condicionarnos, más o menos, pero no nos determina en forma absoluta
más que en contadas ocasiones (por ejemplo: una enfermedad
genética), y aún así, hay muchas maneras de abordar cualquier
situación, en el presente.
Haya pasado lo que haya
pasado, lo que nos queda por vivir empieza ahora.
Lo único que vivimos es
el presente. Un perpetuo presente que fluye constantemente a lo
largo de nuestras vidas.
Debemos aprender a vivir
el presente. Es lo único que realmente tenemos.
No podemos volver al
pasado ni avanzar hacia el futuro. El presente es lo único que nos
sirve.
Nuestra forma de
afrontar el mundo es la que condiciona nuestra manera de actuar. Hay
miles de formas de actuar. El pasado nos condiciona, en parte, pero
la elección de una u otra forma de actuar depende de nosotros,
ahora.
Si aceptamos la
determinación por el pasado, o cualquier otra determinación, caemos
en la trampa de la comodidad neurótica: "Yo qué voy a hacer, si todo
está escrito".
1.1.1.2.11
El ocio es la mejor forma de vida
El ocio total es la
máxima comodidad neurótica. No hacer nada. No pensar nada. No actuar
ante nada. No prever nada...
El descanso es
necesario, pero no debo confundirlo con el ocio total. Incluso
cuando descanso, estoy haciendo algo positivo.
El ocio total debe
entenderse como una total dejación de responsabilidades.
Los periodos de descanso
son necesarios, especialmente si los dedicamos a relajarnos
activamente, cultivar aficiones, relacionarnos con los demás...
No debo aspirar al ocio
total, ni pensar que es la mejor manera de vivir, porque entonces
estaré perpetuamente disgustado con mi forma de vida.
La vida no es una
fiesta. No hemos venido aquí a pasarlo bien en todo momento. Nos
pasan cosas buenas y malas. Tenemos aciertos y errores. Si pensara
que lo ideal sería que no pasara nada, que todo estuviera resuelto y
que no tuviera que luchar por nada ni sentir dolor, estaría pensando
en otra vida, no en esta...
1.1.1.2.12
No tenemos control sobre nada
Si acepto que no tengo
control sobre nada, caigo en la máxima comodidad neurótica: resulta
que no tengo que hacer nada sino esperar acontecimientos.
Las cosas son como son,
pero la forma de actuar mía soy yo quien la tiene que decidir.
Tengo control sobre mí
mismo a través de mi manera de pensar. Puedo decidir cuál es mi
manera de pensar.
Ello no me garantiza la
total libertad de acción, pero sí la total libertad de pensamiento.
En sociedades normales,
democráticas, la libertad de pensamiento me permitirá una gran
libertad de acción.
Soy yo quien decide,
quien escoge mis reglas y mis límites.
Mis derechos solamente
deben acabar donde empiezan los de los demás.
Tengo derecho a decidir,
a obrar en conciencia, a equivocarme. Si me niego estos derechos,
viviré más pasivo (con comodidad neurótica), pero no más feliz.
1.1.1.2.13
No debemos sufrir ni hacer sufrir a los demás
El sufrimiento forma
parte de la naturaleza humana. Nada es totalmente bueno ni
maravilloso. Siempre algo va a salir en desacuerdo a nuestras
esperanzas o deseos.
Si intentamos evitar el
sufrimiento, a toda costa, deberemos hacer concesiones. Por ejemplo:
no es posible aprobar exámenes sin esfuerzo, ni culminar todos los
trabajos.
Si acepto el esfuerzo
conseguiré más cosas. No siempre lograré todo lo que deseo, pero a
base de sufrimiento podré culminar cosas que me harán sentir
satisfecho conmigo mismo.
No es posible tomar
decisiones a gusto de todo el mundo. A veces nuestras decisiones
harán sufrir a alguien. Cualquier decisión comporta un riesgo que
debo aceptar y asumir.
Casi todo lo que deseo
parece privar o dañar a alguien. Si intento anular esta realidad,
acabaré por no comunicar sentimientos importantes o por no disfrutar
de lo bueno, por temor de hacer daño.
1.1.1.2.14
Las relaciones se basan en el sacrificio
No es mejor dar que
recibir. Son las dos caras de una misma moneda.
Las mejores relaciones
son las que se basan en el respeto mutuo, en la aceptación de los
derechos de cada uno.
El que cree que no debe
pedir nada, en el fondo espera que los demás se darán cuenta de sus
necesidades y las satisfarán. Pero la realidad es que los demás se
acostumbran a no dar nada a la persona que nada pide.
Los demás nos tratan tal
y como les enseñamos a tratarnos. Si les acostumbramos a pensar en
nosotros como figuras abnegadas, sacrificadas, que todo dan y nada
reclaman, nos tratarán como tales. Si nada pedimos, creen que nada
necesitamos.
A la larga, puede llegar
el momento en que quien siempre da, cae en la cuenta de que los
demás "pasan" de él.
A veces, si un día no se
sacrifica como de costumbre, se lo recriminan.
Debemos acostumbrarnos a
vivir la vida en forma transaccional. Respetamos, y nos respetan.
Damos, y recibimos. Ofrecemos, y pedimos.
La recompensa, ahora.
1.1.1.2.15
Existe el amor perfecto y/o la relación ideal
Nada ni nadie es
perfecto. Una broma de Jardiel Poncela: "Hoy en día no existen
virtuosas ni entre las violinistas".
Si buscamos el amor
perfecto o la relación ideal, lo más probable es que busquemos
sucesivas relaciones porque ninguna nos satisface plenamente y
siempre estaremos esperando la "media naranja" ideal.
Las parejas "perfectas"
son aquellas que se respetan y que aceptan las limitaciones del
otro.
Cada uno tiene defectos
y virtudes.
Si acepto vivir en
pareja, debo aceptar a otro tal como es, con sus virtudes y sus
defectos. La otra parte, a su vez, debe obrar de igual forma
conmigo.
La relación de pareja es
un "contrato" generalmente no escrito, ni siquiera explícito. Cada
uno espera cosas, pero no siempre las explica claramente. Es
necesario poner sobre la mesa las expectativas para evitar
sorpresas.
1.1.1.2.16
Estar solo es algo horrible
La soledad, por sí
misma, no es horrible.
Si nos repetimos que nos
asusta la soledad, acabaremos haciendo estupideces para no estar
solos.
A veces la soledad es
necesaria. Tenemos derecho a estar solos si así nos apetece.
El que tiene miedo
irracional a estar solo, en el fondo, es que busca algún tipo de
dependencia. Bien es verdad que a veces estaremos mejor acompañados,
pero no podemos caer en la trampa de "necesitar" estar acompañados,
porque no depende únicamente de nosotros solos. Si necesito algo que
no depende por entero de mi, estoy colocándome en situación de
subordinación o de ansiedad.
La soledad puede ser
productiva y, a veces, deseable. Hemos de aprender a ocupar la
soledad de forma que podamos sentirnos igualmente felices cuando
tenemos compañía que cuando no tenemos.
1.1.1.2.17
El valor de una persona depende de lo que obtenga
El valor del ser humano
depende del mismo hecho de ser humano.
Si supeditamos el valor
a la capacidad de lograr, obtener, realizar... estaremos condenando
de antemano a los disminuidos, a los menos inteligentes, a los menos
capaces.
Alguien puede tener
grandes logros, pero ser una mala persona, o un pervertido... la
obtención de logros es significativa en cuanto a sí misma, pero no
garantiza que la persona tenga un mayor valor global.
Un imbécil con dinero...
sigue siendo un imbécil.
1.1.1.2.18
Mejorar la autoestima
Tengo valía porque lucho
por sobrevivir.
Tengo necesidades
legítimas. Está bien satisfacer mis necesidades.
Soy responsable de mi
vida. Acepto las consecuencias de mis actos.
Siempre hago lo que me
parece mejor en cada momento.
"Errores" es una palabra
que utilizo después.
Tengo derecho a cometer
errores.
Estoy ampliando mis
conocimientos para tomar mejores decisiones.
En el momento de elegir
hago lo que mi conocimiento me permite.
Es absurdo criticar las
acciones de los demás; también ellos hacen lo que les permite su
conocimiento.
Mi tarea básica es
extender el conocimiento, el propio y el de quienes quiero.
Nadie vale más o menos
que yo.
Puedo aprender de mis
errores, sin culpa ni ansiedad.
El conocimiento de cada
cual es diferente.
Cuando no estoy seguro
de qué hacer, debo analizar las consecuencias.
Puedo inventar nuevas
formas de satisfacer una necesidad y elegir sensatamente la mejor
opción.
Top
La hipnosis y la
autohipnosis se han mostrado como un excelente método de ayuda para
ayudar a los pacientes a controlar una serie de hábitos dañinos o
molestos. Veamos su utilidad en varios de esos hábitos, y las
distintas estrategias que pueden aplicarse en ellos:
1.1.2.1
Dejar de fumar
La dependencia de la
nicotina, junto con la del alcohol, es la drogadicción más extendida
en el mundo. La nicotina es una sustancia estimulante,
espantosamente tóxica, pero a la que resulta fácil habituarse, así
como desarrollar resistencia ante ella. Me explico: en un paquete de
tabaco hay nicotina suficiente para matar a un “novato”. Si alguien
que nunca ha fumado se fumase un paquete entero, tragando el humo
con la fruición de un fumador veterano, como mínimo acabaría en
Urgencias. Pero ¡ay! el fumador veterano desarrolla una tolerancia
considerable hacia el tabaco. Lo se por experiencia. Hace quince
años que no fumo, pero había llegado a consumir tres paquetes al día
(dos de rubio y uno de negro) además de varios puros. Hoy en día,
tras quince años de haber dejado el hábito, siento molestia al
aspirar humo como fumador pasivo y estoy seguro de que marearía si
intentase degustar un habano.
La autohipnosis es un
método complementario adecuado para dejar esta adicción. Proporciona
una especie de relajación ante el nerviosismo provocado por el
abandono del cigarrillo, disminuye la sensación de “recompensa”
provocada por el fumar y sirve para “cambiar” las ideas del fumador
con respecto al tabaco.
De todas formas, no
esperemos milagros. La adicción a la nicotina es la más extendida
entre las habituaciones a drogas psicoactivas, y la tasa de recaídas
en quienes intentan dejar el hábito es del 60 al 75 %, en el primer
año, exactamente igual que con la mayor parte de las drogas
denominadas “mayores” (heroína, cocaína).
Un tratamiento de
deshabituación y abandono del hábito funciona o no, en relación a
las circunstancias que se dan en cada caso:
1.
El estrés ambiental influye desfavorablemente. Es difícil
dejar de fumar si la persona está en situación de estrés.
2.
El apoyo social (por parte de amigos, familiares...) debe ser
incondicional y positivo. Es difícil que alguien deje de fumar si
quienes conviven con él siguen fumando, o si los amigos y
familiares siguen ofreciéndole tabaco.
3.
Debe haber una suficiente información educativa acerca de las
ventajas de dejar el hábito.
4.
La persona debe tener un buen grado de autoconfianza y
seguridad en sus posibilidades.
5.
Las mujeres lo tienen mucho más difícil que los hombres. No
se sabe la causa, pero el porcentaje de recaídas en mujeres
(alrededor del 85 %) es mucho más elevado que el de los hombres.
6.
Debe haber una motivación muy rotunda y sincera para dejar
de fumar. La persona que quiere dejar de fumar debe tenerlo muy
claro.
7.
Los niveles altos de nicotina en sangre (su metabolito en
sangre se llama “cotinina”) dificultan dejar el hábito.
Desgraciadamente, cuánto más cigarrillos se fuman al día, mayor es
el nivel de “cotinina” en sangre y, en consecuencia, mayor es el
grado de adicción.
Las técnicas que se
emplean son de dos tipos:
a)
Dar instrucciones al sujeto acerca de que notará mal sabor
de boca o de que se sentirá físicamente a disgusto mientras lo
inhala. Una instrucción suplementaria puede ser la de permitir fumar
únicamente un cigarrillo coincidiendo con las horas exactas, en
tanto que si se intenta a cualquier otra hora aparecerá el malestar.
Es un método que puede dar resultado en personas muy sugestionables,
pero que crea una cierta dependencia hacia el terapeuta.
b)
Reestructuración del conocimiento. Tal y como recomendábamos
en el caso de “ideas erróneas”. Partimos de la base de que fumar es
dañino, y grabamos el mensaje de que el adicto debe cuidar su cuerpo
del veneno, igual como haría con un niño que fuera a tomar alguna
sustancia nociva. De esta forma centramos el tema en lo que la
persona busca (la salud) más que en aquello contra lo que lucha (el
tabaco).
Las instrucciones de
esta segunda técnica pueden ser las siguientes:
“Grabaremos un mensaje
para que optimes tu voluntad para proteger su salud. Sabemos
perfectamente que fumar es destructivo, especialmente para tu
cuerpo. Fumando, entramos en nuestros pulmones una gran cantidad de
alquitranes destructivos, muchos de los cuales son cancerígenos.
Entramos también la nicotina, que es la droga productora de
“placer”. La nicotina, aunque no lo percibas exactamente, tiene un
efecto revitalizante y tranquilizador. Cuando llevas tiempo sin
fumar conoces perfectamente el bienestar que recibes al inhalar el
primer cigarrillo. La nicotina es la responsable de la adicción, y
la que, a la larga, provoca el otro daño que es el de las arterias y
del corazón.
A partir de ahora vas a
proteger tu cuerpo de estas sustancias dañinas. Pondrás en la
balanza el placer de fumar y las ventajas para tu cuerpo, y no te
vas a hacer trampa. Quieres proteger tu cuerpo. Defender tu vida. Tu
calidad de vida. Tus pulmones. Tu corazón. Demasiadas agresiones
sufrimos por la contaminación ambiental, como para que juguemos con
fuego al introducir humo extremadamente polucionante en nuestro
cuerpo, y en el ambiente que respiran las demás personas.
Defenderemos también nuestra economía. Colocarás en una hucha lo que
gastarías en tabaco, y, en pocos meses, te harás un regalo estupendo
como premio por haber defendido tu cuerpo.
Cuando fumas, te estás
proporcionando un placer. Un premio. Pero, a partir de ahora,
cambiarás tu concepto de premio. Decidirás que el mejor premio es el
que te das en el momento en que renuncias a encender un cigarrillo.
Te das el premio de respetar tu cuerpo, de cuidarlo, igual que
harías con un niño al que vieras en situación de peligro. Tu cuerpo
es tu don más preciado. Tu salud es el valor más importante. Quieres
proteger tu cuerpo y tu salud, y vas a empezar ahora.
En el momento en que vas
a tomar un cigarrillo has de decirte: No voy a engañarme. El mejor
placer es el de cuidar mi salud. Mi bolsillo. Mi ambiente. Este va a
ser mi premio.
Bien es verdad que, en
alguna ocasión, puedo sucumbir a la tentación. Pero no me dejaré
vencer si esto sucede. La diferencia entre un hombre y un cerdo es
que, si caen en un charco de porquería, el hombre hace por salir; el
cerdo se revuelca en ella. Si algún día consumo, inmediatamente
volveré a decirme que lo que debo hacer es proteger mi cuerpo, y
proporcionarme el mejor de los premios: cuidar mi salud, mi aliento,
mis dientes... y mis pulmones y arterias.”
Es pertinente combinar
este método con cualquier otro: acupuntura, chicles de nicotina,
parches de nicotina... En estos casos, debe haber un profesional de
la medicina que oriente el proceso, indicando las dosis de nicotina
que se deben emplear y la forma de disminuirlas progresivamente
hasta cesarlas por completo.
Top
1.1.2.2
Control del peso
La autohipnosis puede
emplearse en el control del peso, combinado con un plan dietético
adecuado y con un plan de ejercicio. En esta misma colección podéis
consultar el minimanual “Control del peso” del Dr. José Rumbau.
Cuando empleamos la
autohipnosis, al igual que en el tabaquismo, podemos seguir dos
métodos:
Crear en la persona una
“aversión artificial” a según qué comidas. La técnica consiste en
visualizar alguna escena muy desagradable, cuya percepción genere
asco y náusea. Por ejemplo: visualizar que se está en una bañera
llena de vómito en el que nadan cucarachas, y que uno se hunde cada
vez más en ella mientras el apestoso material y los asquerosos
bichos van entrando en su boca y son deglutidos hacia el estómago...
Creedme si os digo que,
en estado hipnótico, esta visualización provoca náuseas físicas y
contracciones gástricas precursoras del vómito.
Tal visualización se
“asocia” a una palabra clave. Por ejemplo: “vómito”. Cuando la
persona ha entrenado esto veinte o treinta veces, nada más pensar en
la palabra “vómito” se imagina la situación y siente asco
invencible.
Se le recomienda,
entonces, que cada vez que vaya a comer algo indebido se diga
“vómito”. El asco superará las ganas de comer.
Esta técnica no es la
más recomendable, por lo mismo que antes decíamos: excesiva
dependencia del terapeuta, necesidad de reforzar las “grabaciones”
constantemente y por la sensación de “castigo” que provoca.
La segunda técnica es la
misma que empleábamos con el tabaco: proteger al cuerpo. Cargar el
acento en que el premio no es la comida, sino el placer que vas a
sentir al reforzar tu voluntad y cuidar tu salud.
El mensaje sería más o
menos como sigue:
“Grabaremos un mensaje
para que optimes tu voluntad para proteger su salud. Sabemos
perfectamente que comer en exceso es destructivo, especialmente para
tu cuerpo. Comer en exceso significa incrementar tu peso, afear tu
figura, elevar tu colesterol y aumentar el riesgo de enfermedades.
Mantener tu peso ideal, en cambio, cuida tu salud, al tiempo que te
da la satisfacción de mejorar tu autoestima. Controlando nuestro
peso nos sentimos más satisfechos con nosotros mismos.
Cuando comemos en
exceso, es porque, sin tenerlo del todo claro, nos estamos dando un
“premio”. Nos proporcionamos el placer de comer aquello que nos
gusta... que casi siempre es lo que peor nos sienta para el control
del pesa.
A partir de ahora vas a
proteger tu cuerpo de esta agresión. Pondrás en la balanza el placer
de comer en exceso y las ventajas para tu cuerpo, y no te vas a
hacer trampa. Quieres proteger tu cuerpo. Defender tu vida. Tu
calidad de vida. Tus autoimagen. Tu corazón. Demasiadas agresiones
sufrimos por