¿Es prudente dormir menos de ocho horas cada veinticuatro? ¿Qué
consecuencias tienen las salidas de noche que hacen cambiar el ritmo horario? Verano es
una época que incita a la salida nocturna. La coincidencia del calor, las vacaciones y un
aumento de la oferta lúdica, favorecen este incremento del horario trasnochador.
Nuestro organismo está adaptado a un ritmo, de unas veinticuatro
horas, que regula la relación entre el estar dormido y estar despierto. Otras
regulaciones rítmicas son las de secreción hormonal, la temperatura del cuerpo y el
ciclo menstrual.
Cuando todos los ciclos rítmicos guardan su relación natural, se dice
que están en fase, y el cuerpo se siente sano y descansado.
Si algún ritmo se altera, por ejemplo si pasamos una noche sin dormir,
algunos ciclos biológicos se interrumpen (p. ej: deja de segregarse hormona del
crecimiento). Se dice entonces que los ritmos están fuera de fase.
Una noche, o varias noches, sin dormir, dejan fuera de fase muchos
ritmos biológicos y hormonales. También es típico el trastorno llamado "jet
lag" experimentado por personas que viajan en avión de este a oeste, o viceversa, y
que atrasan o adelantan la fase. Los cambios de turno en el trabajo también provocan
desórdenes.
Los síntomas típicos son: alteraciones del sueño, estado de ánimo
depresivo, trastornos de concentración, somnolencia diurna, y alteraciones en las
secreciones de las glándulas.
Estos fenómenos son pasajeros en el caso de transgresiones horarias
esporádicas, pero pueden ser duraderas si las personas cambian repetidamente sus ritmos
de regulación noche día.
Lo correcto es: dormir un mínimo de 8 horas cada veinticuatro, y no
pasar más de 16 horas sin dormir. Si se efectúan transgresiones, que sean las menos
posibles y que vayan seguidas de periodos de descanso para reacomodar el cuerpo a los
ritmos normales.