Gabinete Médico Psicológico
del Dr.Juan Romeu

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Colegio de Médicos de Barcelona

 

Trastornos del sueño en la infancia

Concepto
Negarse a ir a la cama
Levantarse durante la noche
Terrores nocturnos
Pesadillas
Sonambulismo
Insomnio
Hipersomnia
Narcolepsia
Tratamiento de los trastornos funcionales del sueño
Tratamiento de los trastornos orgánicos del sueño
Conducta a seguir ante los trastornos del sueño, en general

Concepto

El  DSM IV  no contempla  un apartado para  trastornos del sueño en la  infan­ia,  pero incluye un  capítulo  sobre trastornos del sueño  en general.  Considera como tales únicamente  aquéllos que tienden a la cro­nicidad (duración mayor de 1 mes), excluyendo las alteraciones  transitorias  (ej:  sueño  cortado  por  un  estrés emocional concreto).  Admite el manual clasificatorio  que muchos de los trastor­nos son secundarios a  otras patologías (trastornos depresivos, trastornos por an­siedad), aunque en algunas ocasiones ocupan un papel preponderante como síntoma prin­cipal del proceso.

Para los trastornos del sueño  infantiles estableceremos una clasifi­cación peculiar,  sin correspondencia unívoca con la del DSM, pero   (creemos) más ajustada a la realidad de la psicopediatría. Cuando decimos trastornos funciona­les nos referimos a aquéllos  puramente psicógenos y que  involucran  mecanismos de beneficio secundario.  En aras de una mejor clasificación los exponemos junto con otros trastornos no funcionales, bajo este epígrafe global de "trastornos del sueño".

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 Negarse a ir a la cama.

El niño o la niña recurren a excusas y/o a conductas de manipulaciónn para retrasar  el momento    de ir a la cama. Muchas veces requieren a los padres para que    alguno de ellos (o los dos)  le acompañen hasta que se  duerma,  o bien solicitan ir al lecho de los padres. También pueden haber conductas rituales (pedir  agua,  que todos vayan a    besarles,  etc.)  En todos estos casos el "beneficio secundario",  neurótico,  es conseguir suplementos de  atención, así    como "ser el dueño" de la situación", mediante conductas para    manipular a quienes le rodean.  Es un  trastorno funcional, y    como tal debe ser tratado.       

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Levantarse durante la noche.

 Suele ser un  corolario del    anterior.  También la excusa suele ser el miedo. La finalidad    es que se le permita dormir con los padres, o desplazar a alguno del lecho para quedarse con el  otro. También el beneficio secundario es la atención que se recibe y la manipulación    del  ambiente.  Nuevamente nos  las  vemos  con  un trastorno    funcional,  y en el siguiente apartado exponemos la  forma de    abordarlo.    

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Terrores nocturnos.

El DSM-IV  los encuadra en el apartado de "parasomnias"  junto a las pesadillas  y los sonambulismos.  Los terrores nocturnos consisten  en episodios recurrentes de  despertar súbito,  que aparece  durante el primer    tercio del periodo principal de sueño (fases 3  y 4 del sueño    no REM) y que se inicia con un grito de pánico. Cada episodio    se acompaña  de ansiedad intensa y signos de activación vegetativa (taquicardia, disnea, sudoración). El niño normalmente    responde mal, en forma obnubilada o incoherente a las preguntas, pues tras el episodio se presenta invaria­blemente un periodo de algunos minutos de confusión y desorientación, junto    a  movimientos estereotipados (por  ejemplo:  agarrarse  a la    almohada).  Si el   niño se ha vuelto a dormir antes de cesar    el periodo de confusión,  es probable que al día siguiente no    recuerde  lo acaecido.  La mayor parte  de  las  veces  es un    trastorno  benigno,  transitorio y pocas  veces requiere tratamiento. Suele ser evolutivo en forma espontánea. Caso de no    mejorar,  también puede ser objeto de es­tudio neurofisiológico.       

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Pesadillas

Suelen presentarse en el transcurso de trastornos por ansiedad.  El niño se despierta llorando o gritando,  pero resulta fácil comunicarse con él y  consolarle.  Si    se presentan en el transcurso  de un trastorno  por ansiedad,    deberemos abordarlo como quedó expuesto  en el aparta­o dedicado a estos trastornos. Reseñamos aquí las pesadillas episódicas tras haber sufrido algún tipo de miedo, amenaza o películas que nuestras TV gustan de programar en horarios que parecen escogidos por mentecatos o por pervertidos, o por quienes    son ambas cosas a la vez.  También hay programas infantiles o    juveniles que muestran profusión de monstruos, brujas, situaciones límite y dramones lacrimógenos y angustiantes. Las imágenes quedan grabadas en la mente del niño, y posteriormente le    impiden conciliar el sueño, o reaparecen en forma de vistosas    pe­sadillas.       

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Sonambulismo.

 El niño, sin despertarse, se levanta de la    cama y deambula por su habitación o por el resto  de la casa.    Se  interpreta como una alteración  del ritmo del  sueño, con inmadurez de los mecanismos inhibitorios que  provocan la relajación y la inmovilidad. Puede explorarse mediante EEG continuo durante el sueño.  Si no es recurrente ni implica riesgos puede dejarse sin tratamiento, siendo con frecuencia evolutivo a mejoría en  forma espontánea.  En el  caso contrario    puede tratarse con antidisrítmicos (ej: carbamacepina) en dosis única nocturna  (200 a 400  mg).  Sea como  sea,  puede ser    interesante el estudio neurofisiológico (EEG contínuo du mnbrante    el sueño).       

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Insomnio.

Dificultad para conciliar el sueño, o despertarse a media noche sin poderlo reconciliar.  Se  asocia a trastornos por ansiedad,  o a estados de­presi­vos. Algunos problemas somáticos pueden incidir en tipos concretos  de in­somnio:    ej:  adenoiditis con sensación de ahogo al acostarse. Tam­bién    hay que valorar que el niño no esté tomando algún fármaco activa­dor,  o anticatarrales que asocien  teofilina, efedrina y    betaadrenérgicos.  También hay analgésicos  con  cafeína,  y    gotas nasales con pseudoefedrina.   Se produce insomnio relativo si los niños  han estado muy excitados antes de ir a la cama: situaciones de tensión, visión    de  TV,  etc.  En ocasiones, la incidencia de acontecimientos    estresantes   actúa como factor de predisposición para el insomnio:  hospitalización,  enfermedad, problemas relacionados    con la  escuela,  etc.  Si resulta  persistente o recurrente,    vale la pena estudiarlo desde el punto de vista psiquiátrico.       

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Hipersomnia.

 El niño tiende a dormirse du­rante el día. A    veces se asocia al insom­nio y en ocasiones deriva  de una alteración de los ritmos del sueño, o del síndrome de apnea durante el sueño.  También puede aparecer en el curso de depresiones.  Hay  que valorar que el  niño no esté  tomando algún    fármaco  que produzca  sueño: tranquilizantes, antihistamínicos,  algún antitusígeno, ciproheptadina o similares. Caso de    ser persistente o recurrente,  y de no responder a causas visibles, será de interés el estudio neuropsiquiátrico y/o neurofisio­lógico (EEG contínuo durante el sueño).        

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Narcolepsia

Es una forma particular de  hipersomnia. Se    presenta en  forma de  crisis  de sueño  durante el día, cuya    frecuencia oscila de unas pocas a 20  o más, cataplejia (pérdida brusca  del tono  muscular), alucinaciones  hipnagógicas    (en estado  de  duermevela al iniciarse el  sueño), parálisis    del sueño (al despertarse la persona no puede moverse, excepto para respirar).  El análisis electroencefalográfico de las   crisis muestra que éstas empiezan por una fase REM. No se conoce bien  la  etiopatogenia de  este raro trastorno,  que se    acostumbra  a tratar  con activadores  (anfetaminas por ejemplo).     

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TRATAMIENTO DE LOS TRASTORNOS FUNCIONALES DEL SUEÑO

En el caso de trastornos funcionales  de sueño (grupos 1 y 2), lo que hay que hacer es lo siguiente:

El  niño  debe ir a la  cama a  la  hora estipulada, y los padres expondrán con claridad  que  debe  permanecer  allí.  Si  grita o llora,  no hay que temer los  repro­hes de los  vecinos. Hemos de solucionar este problema,  y un día u otro había  de hacerse. Los problemas (rabietas,  llantos, gritos) pueden durar varias horas, pero al final cesarán.  Se trata de que el niño advierta  que "la cosa va en serio", y que nada va a conseguir con sus rabietas.

Como métodos de "negociación"  podemos dejar la puerta abierta, o una luz (tipo "piloto")  en su habitación, o decirle que se quede en la habi­tación jugando hasta que le venga el sueño sin importar la hora que sea,  dejarle puesta la radio  o instalarle un DVD para que vea dibujos animados. Da igual. Lo importante es no transigir  con el abandono de la habitación. Es necesario que el proceso de haga con mucha calma, manteniendo los padres la sonrisa en los labios,  y sin dejarse  impresionar por la escenificación  dramática que el  niño  puede  intentar. Pensemos que,  cuando los padres  acceden a deman­as  inapropiadas  de los hijos,  están  manifestando también  un problema más o  menos neurótico. Se angustian si sus hijos les reprochan cosas, o si ven a los  niños angustiados.  Pero en este  intercambio de ansiedades, cada  uno refuerza  la  angustia  de los otros.  Es necesario que alguien (el más fuerte,  el mayor o el más  interesado) empiece a mostrar calma y aplomo,  con lo que el ambiente se va serenando y los niños llegan a realizar conductas apropiadas.

¿A qué edad es aconsejable que los niños empiecen a dormir solos? Solamente du­ante los primeros  meses de vida es  aconsejable que el niño permanezca en la  habitación de sus padres.  La necesidad de alimentarle con frecuencia y la posibilidad  de que se presenten llantos que es necesario evaluar, hacen que la permanencia en la habitación conyugal sea un factor de comodidad.  Pero más allá de los 6 meses, pocas veces se mantendrá la necesidad mencionada. El bebé puede ser colocado en una habitación para él, y pocos son los niños que se quejan a esa edad. El hecho de que su habitación sea cercana a la de los padres,  o el empleo de mecanismos transmisores,  facilita  el  control del sueño.  Suele ser conveniente llevar al niño a su habitación, que habremos decorado con sus posesiones más preciosas (juguetes, peluches, biberones, posters de sus "artistas" predilectos de los dibujos animados, etc.) Los artilugios favoritos  del niño se colocarán en  la  camita. Una vez dejado en la cama, lo que hay que hacer es: apagar la luz, decirle adiós y dejarle solo.

¿Qué hay que hacer si llora?   Pues nada.  Todo lo más, comprobar que no tenga algún problema real y después reiterar la indicación de que va a dormir solo,  y que ya no volverán a su habitación. A partir de ahí, cabe rezar para que el niño se duerma lo más rápidamente posible.  Pero ya no hay que volver  a su  habitación ni, mucho menos,  sacarle de la cama o hacerle compañía  hasta que se duerma.

Empezando a estas edades,  el problema deja de  serlo muy rápidamente.  ¿Podemos estar seguros de  que ya se ha  solucionado para siempre?   La respuesta es: no, en absoluto. El problema puede volver a presentarse si, en algún momento (por ejemplo: coincidiendo con una enfermedad)  bajamos la guardia y consentimos en acompañar al niño hasta que se duerma o le dejamos dormir en nuestra cama. 

¿Si caemos en la trampa y se presentan  nuevamente problemas, qué hay que hacer?  Pues  volver a empezar:  dejarle solo, advertirle que no le dejaremos salir, y otra vez a rezar.

Si los padres ceden una o más veces,  sobre todo si ceden bastantes veces, el niño irá descubriendo que sus padres son "manipulables"  y que le va a resultar fácil salirse con la suya,  tarde o temprano.

Al resolver estos problemas debemos mostrarnos muy seguros de nosotros mismos, e inflexibles salvo casos de fuerza mayor (estancia en un hotel, enfermedad grave). Cuánto más tranquilos y seguros estemos, antes se va a resolver el problema.

Otra advertencia: el proceso debe ser entendido y seguido por TODOS  quienes vaya a cuidarse de el niño.  Si, en ocasiones, queda en manos de familiares o de  "canguros"  es necesario que todo el mundo sepa a qué atenerse y colaborar en el proceso  de educación que estamos manteniendo.

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 TRATAMIENTO DE LOS TRASTORNOS ORGANICOS DEL SUEÑO

El terror  nocturno y  el sonambulismo pueden  ser expresiones de una pobre regulación  de  los procesos  de  sueño. Su comprensión exigiría la realización de EEG continuo en laboratorios especialmente dotados para el análisis del sueño. Creemos que pocas veces se  hace,  aunque existen "laboratorios  de  sueño"  en bastantes servicios de neurofisiología. Son trastornos benignos que no suelen necesitar tratamiento y que  tienden a cesar o  a minimizarse por encima de los 15 o 16  años. Los casos que cursan con fenómenos disrítmicos en EEG pueden responder favorablemente al tratamiento con carbamazepina,  a dosis tres veces menor que las terapéuticas (que son de alrededor  16.9  mg/kg de peso/día en trastornos epilépticos).

En hipersomnia por síndrome de Pickwick  o por apnea obstructiva durante el sueño, relacionada con obesidad masiva e insuficiencia pulmonar secundaria   hay que tratar la obesidad y, si las circunstancias lo aconsejan,  emplear estimulantes bajo un estricto control.  En apneas secundarias a hipertrofia amigdalar o adenoidal, deberá  tratarse  quirúrgicamente   la  causa.   El  síndrome  de Kleine Levine,  con  hipersomnia periódica asociada  a  bulimia e hipersexualidad  suele darse transitoriamente  en adolescentes, y debe explorarse  en cuanto a personalidad  y estado  de ánimo. Lo mismo  cabe  decir de  las  hipersomnias  psicógenas,  con fatiga neurótica y ganas de dormir. La hipersomnia que puede aparecer en lesiones  cerebrales,   encefalitis   y  tumores,  suele  ser  de aparición reciente y algo  constante,  sin producirse en ataques. La narcolepsia  suele requerir el empleo de estimulantes: amfetamina (10 a 20  mg/día), dextroamfetamina (5 a 10 mg/día) o metilfenidato (60 a 120  mg/día). También puede responder al empleo de antidepresivos tricíclicos  y de IMAO. Estos últimos no pueden combinarse con ningún otro fármaco.

Los trastornos antecitados merecen el  auxilio de  un Servicio de Neurología,  y mejor si cuenta con laboratorio de neurofisiología y  posibilidad  de  efectuar  EEG  continuos  durante  sueño. Los neurofisiólogos deben colaborar con los neumólogos (y/o  los ORL) en el diagnóstico de los trastornos de apnea durante el sueño.

El insomnio suele ir asociado a ansiedad y/o a depresión. Hay que investigar estas causas antes  de determinar el  camino a seguir. Los insomnios "reactivos"  a excitaciones, TV o medicamentos, lógicamente responden a la  retirada  del agente  causal.  Lo mismo cabe  decir de  los insomnios secundarios  a  patología orgánica, los  cuales  responden al  tratamiento de  la enfermedad primaria (apnea durante el sueño, mioclonias, etc.)

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CONDUCTA A SEGUIR (TRASTORNOS DEL SUEÑO)

 1.  Si el trastorno del sueño es funcional, la mayor parte de las veces será suficiente con variar las  condiciones ambientales que están favoreciendo el beneficio secun­ario.  Las líneas de actuación son las anteriormente expuestas.

2.  El insomnio  puede ser expresión de  un  trastorno depresivo. Descártelo mediante la entrevista.

Detecte también la presencia  de elementos ambientales "irritativos"  (TV,  etc.)  y "extírpelos". Si no hay más remedio aconseje benzodiacepinas de acción rápida. El lormetacepam debe ser preferido a cualquier otra benzodiacepi­na por su rápida  eliminación y su ausencia de efecto rebote.  Deberían emplearse única­mente como solución a corto  plazo en tanto  no se resuelve  el problema que crea la ansiedad.  Si prefiere emplear infusiones, recomiende una preparación a base  de 2/3  tila,  1/6 valeriana y 1/6 passiflora (fórmula  que  nos  ha  sido  proporcionada  por  el  Dr.  Ferrer Gelabert,  quien  la aprendió de  su abuelo,  también médico). El efecto hipnótico es notable.

3. Los terrores nocturnos y el sonambulismo son trastornos benignos que pueden dejarse sin tratamiento. Caso de ser muy estresantes para la familia  pueden responder al empleo  de carbamazepina (dosis  única nocturna:  200    400  mg). Es pertinente efectuar comprobaciones EEG,  para descartar crisis parciales psicomotoras.

 4. En trastornos con visos de organicidad, es prudente la consulta neurológica y/o neurofisiológica.  En los casos  más complejos (narcolepsia, s. de Pickwic, etc.) el diagnóstico y el tratamiento deben supeditarse al  correcto  diagnóstico. Deberá efectuarse con intervención de diferentes especialistas  (neumología, neuro­logía, ORL, servicios especializados en trastornos del sueño, pediatras, etc.) 

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