Educar en positivo significa proporcionar a nuestros hijos una educación basada en el respeto, el afecto y el bienestar, estableciendo normas y límites sin recurrir a la agresión física ni verbal. Se trata de guiar su comportamiento con coherencia y paciencia, fomentando su autoestima y su capacidad para gestionar emociones.
Esta forma de educación no implica permisividad ni falta de autoridad, sino todo lo contrario: se basa en una disciplina firme pero respetuosa, donde los niños aprenden desde la confianza y el ejemplo.
Muchas veces, en nuestro día a día, exigimos a nuestros hijos comportamientos que nosotros mismos no cumplimos. Les decimos que no griten, pero nosotros les alzamos la voz cuando perdemos la paciencia. Les pedimos que no golpeen, pero a veces los sujetamos con fuerza cuando estamos desbordados.
Es importante reflexionar: ¿les estamos transmitiendo lo que realmente queremos que aprendan? Los niños no solo escuchan nuestras palabras, sino que imitan nuestros actos. Por eso, debemos ser un modelo coherente para ellos.
Cada niño tiene su propio ritmo de desarrollo y, en cada etapa, su capacidad para comprender normas y gestionar emociones varía. A veces esperamos que controlen impulsos o regulen su conducta como lo haría un adulto, pero no siempre es posible.
Es fundamental adaptar nuestras expectativas a su edad y etapa evolutiva. Así evitamos frustraciones tanto en ellos como en nosotros y podemos guiarles con mayor comprensión y paciencia.
Una comunicación efectiva y respetuosa es clave para la educación en positivo. Nuestros hijos aprenden a comunicarse a partir de lo que ven en casa, por lo que debemos esforzarnos en ofrecerles un modelo basado en el respeto y la empatía.
No es necesario gritar para que los niños entiendan un mensaje. De hecho, cuando alzamos la voz, el mensaje suele perder fuerza y genera más tensión. Si queremos que nuestros hijos no griten, debemos hablarles con el mismo tono que les pedimos a ellos.
El uso excesivo del "no" hace que los niños terminen ignorándolo o asociándolo con algo negativo. En lugar de decir "No corras", podemos reformularlo en positivo: "Anda más despacio". En lugar de "No grites", decir "Hablemos en voz baja".
Reservemos el "no" para situaciones realmente necesarias, como aquellas que implican peligro o normas importantes.
En muchas ocasiones, damos órdenes sin acompañarlas de explicaciones. Si queremos que los niños entiendan y cooperen, es importante hablar con ellos de forma asertiva y empática, explicándoles el porqué de las normas y escuchando cómo se sienten.
Es esencial ayudar a nuestros hijos a identificar, entender y gestionar sus emociones. Para ello, podemos:
Hablar de emociones abiertamente en casa les ayudará a desarrollar una mayor inteligencia emocional y a gestionar mejor sus estados de ánimo.
En momentos de estrés o cansancio, podemos decir frases sin darnos cuenta del impacto que pueden tener en nuestros hijos. Algunas expresiones que es mejor evitar son:
❌ "Eres un pesado".
❌ "Si no estudias, no irás a la fiesta".
❌ "Así no vas a conseguir nada en la vida".
❌ "Es así porque lo digo yo".
Estos mensajes pueden afectar la autoestima del niño y su seguridad en sí mismo. Es mejor reformularlos con un enfoque positivo y constructivo.
Dejar que los niños enfrenten pequeños retos les ayuda a desarrollar confianza en sí mismos. Permitir que intenten, se equivoquen y aprendan de sus errores fortalece su resiliencia y su capacidad para resolver problemas.
Podemos fomentar su autonomía dándoles responsabilidades acordes a su edad y permitiendo que tomen decisiones dentro de ciertos límites.
Nuestro ritmo de vida acelerado y el estrés diario pueden reflejarse en la forma en que nos relacionamos con nuestros hijos. Muchas veces, transmitimos nuestra prisa y tensión a ellos sin darnos cuenta.
Para evitarlo, es importante:
Cuidarnos a nosotros mismos es fundamental para poder cuidar bien de nuestros hijos. No podemos ofrecer paciencia, afecto y comprensión si estamos agotados o desbordados.
Educar en positivo no significa ser perfectos, sino comprometernos a mejorar día a día nuestra forma de comunicarnos y relacionarnos con nuestros hijos.
¿Te animas a ponerlo en práctica?
Helena Romeu Llabrés
Psicóloga Clínica
Helena Romeu Llabrés
Psicología
Psicóloga clínica en el Centro Dr. Romeu i Associades. Especializada en desadaptaciones conductuales infanto-juveniles, adicciones, fobias y procesos de duelo. Formación en Hipnosis Clínica y Terapia Cognitiva.
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