Nos referimos a las relaciones humanas, esencialmente de pareja, en las que uno de los miembros, o los dos, evitan definir y formalizar un tipo de contrato que suponga asumir una serie de compromisos y de responsabilidades.
Para evaluar qué significa esta especie de aversión al compromiso, vale la pena estudiar, uno por uno, los factores que se presentan en las relaciones de pareja.
Lo primero: ATRACCIÓN
El factor más temprano que suele influir en una relación es la atracción física o psicológica, la cual, si es común, puede ser el primer paso para seguir adelante. Otros factores previos son personales (motivación, necesidades…) o circunstanciales (soledad, disponibilidad…)
De ahí se pasa a simples amigos, hay diferentes tipos de relación: amistad, cita(s), rollo de una noche, o de varias noches, semanas, meses, y distintas reglas según los casos (simples amigos, follamigos, amigos con derecho a roce, novios, prometidos…).
Llega el AMOR
Poco a poco se establece un tipo de vínculo que, en muchos casos, va a llamarse AMOR. No es un concepto claro, quiere decir muchas cosas: los padres AMAN a sus hijos, los dueños AMAN a sus perros y gatos, los creyentes AMAN a Dios sobre todas las cosas, los maridos AMAN a sus mujeres y viceversa, y con frecuencia a sus amantes… Corre mucho amor por ahí.
En una relación de pareja que se plantee algún tipo de compromiso, el AMOR puede ser de varios subtipos:
¿Y EL SEXO?
Hay un segundo factor, aparte del amor, que interviene en las relaciones de pareja. Es el SEXO. Con matices, del cero al infinito. El cero absoluto hace que dudemos de llamar al asunto una “relación de pareja”, pero hay gente para todo. Si el SEXO va junto con amor, pues bien. Si no van juntos, bien también, a condición de que todos sepan a qué están jugando.
Lo más importante: El CONTRATO
Pero ya decíamos en el primer párrafo que los miembros de la pareja establecen entre ellos, ya sea de forma explícita o sobreentendida, una especie de contrato. Con diversos pactos, reglamentos, compromisos y responsabilidades. También del cero al infinito. Un encuentro furtivo, circunstancial, sexo de una noche (o de un ratito), supone un contrato mínimo, poco o nada exigente, y que no precisa demasiado AMOR y relativamente pocas obligaciones.
Una relación de pareja que se desee estable, duradera, “con futuro”, exige un tipo de compromiso superior y el establecimiento de una serie de pactos (qué espera cada uno, qué está dispuesto a ofrecer, a dar, a renunciar…)
No todo el mundo está preparado para asumir este tipo de responsabilidades. La relación de pareja, especialmente en la fase de AMOR LOCO, es divertida y lúdica. Conforme aumentan los deberes se incrementan también las servidumbres y los gravámenes. Y encima, el juguetón AMOR LOCO se va a tomar viento.
La capacidad de formular un contrato entre los miembros de la pareja será, de cara al futuro, el componente más trascendente para que las cosas funcionen. Mal negocio si alguno de los dos no se ve capaz de formular y establecer un contrato que resulte aceptable para todos.
Para establecer un contrato, lo que será tema de otro artículo, es necesario tener las cosas claras, unos objetivos vitales bien definidos y conocidos por todos.
Helena Romeu
psicóloga
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