Personalmente, pienso que ser padre/madre es una de las profesiones más difíciles del mundo, pues nuestros niños, cuando nacen, no vienen con un manual de instrucciones debajo del brazo. Tampoco hay escuelas o universidades que nos enseñen e educar a nuestros pequeños. Incluso, no podemos guiarnos al 100% por la crianza que recibimos de nuestros padres y madres; ellos, como seres humanos que son, hicieron muchas cosas bien pero también cometieron errores. Si finalmente tenemos en cuenta que cada niño es diferente y que todos necesitan un trato personificado en el entorno y experiencias que les ha tocado vivir, resulta que educar a nuestros bebés es de lo más complicado que hay en esta vida.
Pero no nos alarmemos, el amor y el cariño que les tenemos ya es de por sí un gran recurso que, si sabemos canalizar de manera adecuada, nos servirá para ayudarles a crecer feliz y sanamente.
Algunas pautas que facilitan un buen crecimiento emocional
Si queréis más información sobre cómo debemos educar a nuestros hijos os recomiendo leáis este artículo de nuestra web: Educación infantil
Si seguimos las pautas anteriormente mencionadas estaremos previniendo problemas más graves que puedan ocurrir durante el desarrollo de nuestros hijos. Si aun así aparecen dificultades ¿Cómo podemos detectarlas?
En general, los niños y adolescentes deben estar bien, felices y estables. Cuando un niño manifiesta alguna señal de empeoramiento en cualquiera de sus áreas vitales, debemos estar alerta y descubrir qué es lo que está pasando. Si antes aprobaba y ahora suspende, si antes tenía amigos y ahora no se relaciona con los demás niños, si en casa se portaba bien y ahora se porta mal, si antes estaba contento y ahora le vemos más triste, etc. Todos estos factores que indican un cambio a peor deben ser investigados a fondo. Sobre todo, no intentemos aplicar soluciones hasta saber qué pasa exactamente, pues si el remedio no es el adecuado, incluso podemos empeorar la situación. Por ejemplo, si nuestro hijo suspende, no le quitemos la Play sin más o le apuntemos a clases de refuerzo directamente. Primero hablemos con él, con sus profesores y con sus amigos. A lo mejor pensamos que suspende por ser un vago y resulta que tiene TDAH, quizás creemos que se pone chulo y es irrespetuoso con nosotros y lo que pasa es que en el colegio tiene problemas con los demás chicos.
Si aun habiendo hablado con su entorno y con él, si aun habiendo aplicado posibles soluciones vemos que no remite el problema, no dudemos en consultar a un especialista. A ver, no se trata de que a la mínima llamemos a un psicólogo o psiquiatra, pero si nos sentimos bloqueados y vemos que con nuestros recursos no tiramos para adelante, no tengáis reparo en pedir ayuda.
Si queréis a vuestros hijos incondicionalmente y se lo demostráis, los escucháis, estáis atentos a estos “empeoramientos”, los tratáis con respeto y estáis con ellos para lo que os necesiten, aunque surjan dificultades y problemas siempre estaréis a tiempo de resolverlos. Si cuando se os acaban las ideas, estáis dispuestos a pedir ayuda, no os preocupéis, todo irá bien.
Helena Romeu Llabrés
Psicóloga Clínica
Nº de colegiada 19543
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