(¡NO SE EQUIVOQUE, DOCTOR!)
Una serie de estudios publicados en The Journal of the American Medical Assotiation (JAMA), una de las más prestigiosas revistas médicas del mundo, venían a demostrar que los errores médicos al recetar un medicamento pueden generar altos riesgos para los pacientes así como un aumento desmesurado del gasto sanitario.
El porcentaje de errores al recetar un fármaco no es muy alto: alrededor de 4 casos de cada 1.000, repitiéndose esas cifras en Estados Unidos, Reino Unido y en otros países europeos donde se han llevado estadísticas.
Pero este pequeño porcentaje es responsable de hasta 140.000 (ciento cuarenta mil) muertes anuales, solamente en Estados Unidos, según los estudios de la Asociación Médica Americana antes citados (en 1999). El error de receta provoca, además, un mayor número de ingresos hospitalarios. Se calculaba una media de 4’6 días de ingreso a causa del error, con un coste de unos 4000€ por caso. Los estudios efectuados demuestran, además, que el 31 % de los episodios podrían haber sido prevenidos con facilidad.
Los usuarios de servicios médicos, que potencialmente somos todos nosotros, podemos ayudar a nuestros facultativos a evitar el error. Por una parte se trata de facilitarles toda la información necesaria (antecedentes, alergias, reacciones deintolerancia a fármacos…) Por otra parte, de adoptar una actitud positiva, no pasiva, ante los tratamientos que recibamos. Debemos solicitar información acerca de lo que se nos receta, de la forma de tomarlo, de la frecuencia de las tomas, de las incompatibilidades, de las precauciones, de la duración del tratamiento y de los posibles efectos secundarios que nos puede provocar.
De especial interés es decir al médico si estamos tomando alguna otra medicación, y preguntar si ésta resultará compatible con la que nos receta. Cada vez que se va al médico es necesario llevar un papel con todos los medicamentos que tomamos, bien apuntados y con sus dosis. Hay medicamentos que, tomados aisladamente, no producen problemas, pero que los pueden causar, y graves, al darlos juntos. Un ejemplo: la fenitoína es un medicamento para la epilepsia que, administrado solo, tiene unos efectos muy previsibles. Pero este medicamento acelera el trabajo del hígado, el cual destruirá con gran facilidad otros medicamentos (la teofilina, por ejemplo) lo que los dejará sin efecto.
Es importante preguntar al médico las razones de la prescripción, es decir, por qué nos receta lo que nos receta. Al tener que dar una explicación, es posible que caiga en la cuenta de algo que antes se le podía haber pasado por alto. Hay que demandar también, con claridad, las dosis y la duración del tratamiento.
También deben pedirse las incompatibilidades, es decir, con cuáles otros no se podría asociar el tratamiento recetado. Debe inquirirse el grado de incompatibilidad con el alcohol. Hay medicamentos, como los psicofármacos, con una inadecuación casi total al alcohol. Pero hay otros en los que a veces no se piensa. Por ejemplo, la ranitidina, el fármaco más recetado para las úlceras de estómago y gastritis, dificulta el metabolismo del alcohol, con lo que pequeñas cantidades de alcohol ya pueden alterar al usuario y provocar lecturas anormalmente altas en los alcoholímetros.
Todo paciente debería tener una lista de los medicamentos que le hayan producido problemas, o que se los pudieran producir. Así, por ejemplo, quienes han tenido enfermedades del oído, con afectación del nervio auditivo, no deben tomar salicilatos (aspirina incluida) aparte de según qué antibióticos. Los operados de vesícula biliar no tolerarán los corticoides. Quienes tengan glaucoma, una enfermedad que altera la presión del líquido ocular, deberán tomar precauciones con según que medicamentos para el sistema nervioso. Quien haya sufrido una hepatitis puede ser muy sensible a los efectos de algún fármaco. Lo mismo cabe decir de quienes han tenido úlcera gástrica o insuficiencia renal. Las mujeres embarazadas, o que tengan planificado un embarazo, deben advertir esta eventualidad.
Un caso especial lo constituyen las alergias. Cualquier persona puede presentar reacciones alérgicas a casi cualquier sustancia. Deben anotarse cuidadosamente los antecedentes en este sentido, y llevar al médico la lista de sustancias o materias que nos han causado reacciones alérgicas.
Todos los fármacos llevan en sus prospectos la lista de posibles efectos secundarios, precauciones de uso e incompatibilidades. Las dos últimas son muy importantes de cara a evitar el error médico, pues advierten claramente de las condiciones en las que la administración de un producto puede entrañar riesgos. Hará bien el usuario en leérselas, y consultar a su médico cualquier duda que le surja. Siempre es mejor prevenir, que tener que curar.
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