¿Qué se entiende por autoestima?
La autoestima (self-esteem) es el conjunto de percepciones, creencias y valoraciones que hacemos de nosotros mismos y de nuestras capacidades. Además, la autoestima implica una actitud hacia el mundo y una actitud hacia nosotros mismos. Así, una persona con una autoestima adecuada se valorará de forma positiva y se sentirá capaz de lograr sus objetivos (siempre y cuando, éstos sean realistas), lo que facilitará que mantenga una actitud proactiva y eficaz hacia el mundo, y de seguridad y confianza hacia sí mismo. De esta forma, conseguirá lograr sus objetivos antes y mejor, que una persona que presente una autoestima baja.
En terapia, para ejemplificar al cliente cómo trabajar y potenciar la autoestima, tomo como ejemplo, el de la crianza de nuestros hijos. Si nos relacionamos con nosotros mismos de la misma forma con qué es aconsejable el trato con los niños, estaremos avanzando en nuestro camino para la consecución de una autoestima adecuada.
De esta forma, entendemos que el niño crecerá sano (psicológicamente y emocionalmente) con una crianza/educación basada en el amor, el afecto, el cuidado, la protección y la promoción de la autonomía. Es clave para que nuestros hijos crezcan con sentimiento de seguridad y autoestima, criarles desde el amor. Nunca sobran los afectos, son como lo es el agua para una planta, simplemente necesarios y altamente gratificantes. Escuchar y atender a nuestros hijos (sus deseos, sus miedos…) desde una posición empática, comprensiva y respetuosa, facilita el sano desarrollo del niño. Es importante que nosotros, los padres, les atendamos entendiendo que su forma de ver las cosas y de construir el mundo, es diferente (madurativamente) a la nuestra. Y en este sentido, cuando tratamos con los niños recomiendo que los adultos bajemos de nivel, acercándonos al de los niños, para comprenderlos y atenderlos mejor.
Una madre quiere a su hijo de forma incondicional. Lo acepta tal y cómo es, aunque evidentemente, haya cosas que le pueden disgustar de la forma de actuar del niño. Pero su amor hacia él, permanecerá intacto. De esto se trata, de no condicionar nuestro amor hacia nosotros mismos a nada. Puede haber cosas que nos gusten más o menos, pero la clave reside en respetar y querer a nuestro ser, por el simple hecho de existir y vivir.
Es importante reforzar y valorar positivamente a los niños. Felicitarles cuando lo hacen bien y valorar sus actitudes, aptitudes y comportamientos. La forma adecuada de acompañar a nuestros hijos en su desarrollo, es la misma actitud que nos conviene mantener con nosotros mismos, cuando queremos potenciar la autoestima. Cuando nos respetamos, nos comprendemos y nos valoramos estamos beneficiando nuestra autoestima.
Sabemos que si juzgamos, tratamos con dureza y sin respeto a nuestros hijos, éstos crecerán con menos seguridad personal, con más rabia, miedo y consecuentemente, con una baja autoestima. Con nosotros pasa exactamente igual. Cuando nos juzgamos, cuando nos exigimos, cuando nos tratamos con dureza y no toleramos nuestros errores y fallos, nos acabamos desarrollando como persona inseguras, con falta de autoconfianza, e incluso acabamos rechazándonos, lo que evidentemente causa una importante mella en nuestra autoestima.
Para finalizar el texto, recomiendo a los lectores del mismo, que practiquen en modificar su forma de relacionarse consigo mismas y empiecen a tomar una actitud de respeto y consideración. La autoestima se puede modificar, podemos cambiar, si realmente nos lo proponemos. De hecho, hay una frase que para mí ha sido un gran referente, que dice “querer es poder”. Claro que sí, estoy completamente de acuerdo con esta afirmación. La voluntad, que es proposición e intención (desde la razón), nos moviliza para conseguir aquello que de forma activa y responsable, nos proponemos. De esta forma pues, podemos cambiar y mejorar nuestras creencias y valoraciones acerca de nosotros mismos.
Laia Oliva Pérez
Psicoterapeuta
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