La existencia de un lenguaje simbólico es una característica diferencial de la especie humana. El niño suele iniciar sus balbuceos hacia el año de vida, y entre los 13 y los 16 meses iniciará el aprendizaje de nuevas palabras y de las estructuras morfosintácticas del lenguaje, que son dominadas -en lo básico- alrededor de los 3 años.
El aprendizaje de la propia lengua constituye para mucha gente la mayor hazaña intelectual que realizarán en toda su vida. Miller (1987) describe cómo el vocabulario de un bachiller superior, por ejemplo, consta de unas 40.000 palabras, cifra que se dobla si consideramos también palabras los nombres propios de personas y lugares y las expresiones idiomáticas.
Cuando hablamos de lenguaje es corriente distinguir entre aspectos articulativos (pronunciación), aspectos semánticos (vocabulario) y aspectos estructurales (morfosintaxis). En algunos casos trastornos en las tres áreas pueden presentarse en forma puntual, por separado. Pero es frecuente que todos los problemas se imbriquen dando como resultante trastornos generalizados. Por ejemplo: un trastorno de articulación hace que un niño pronuncie mal las palabras, pero también que las discrimine mal al oirlas; ello crea un déficit de vocabulario y un mal empleo del lenguaje como medio comunicativo, lo que -a su vez- repercutirá en una pobreza en el aprendizaje de las estructuras morfosintácticas.
Consisten en la dificultad persistente para articular el lenguaje en la forma adecuadade acuerdo con el periodo evolutivo del niño. Los criterios evolutivos del lenguaje se hallan en el apéndice 2. En el DSM-III-R expone como ejemplos de fallo articulativo la dificultad para articular los sonidos p, b, t, a los tres años, y los sonidos r, s, t, f, z, l, más arriba de los seis.
Tales trastornos pueden ser de origen lingüístico (primarios), ya sea por retrasos madurativos específicos de los centros de lenguaje, ya sea de origen externo (mala estimulación). También pueden ser secundarios a retraso mental, trastornos generalizados del desarrollo o a hipoacusia. En este último caso el problema se agrava por déficits de discriminación en fonemas de sonido parecido (homofónicos) o de similar articulación (homorgánicos).
Consisten en la dificultad persistente para articular el lenguaje en la forma adecuadade acuerdo con el periodo evolutivo del niño. Los criterios evolutivos del lenguaje se hallan en el apéndice 2. En el DSM-III-R expone como ejemplos de fallo articulativo la dificultad para articular los sonidos p, b, t, a los tres años, y los sonidos r, s, t, f, z, l, más arriba de los seis.
Tales trastornos pueden ser de origen lingüístico (primarios), ya sea por retrasos madurativos específicos de los centros de lenguaje, ya sea de origen externo (mala estimulación). También pueden ser secundarios a retraso mental, trastornos generalizados del desarrollo o a hipoacusia. En este último caso el problema se agrava por déficits de discriminación en fonemas de sonido parecido (homofónicos) o de similar articulación (homorgánicos).
Consisten en un déficit en el conjunto del vocabulario, mala adquisición de nuevas palabras, empleo de palabras inadecuadas o peculiares, omisión de palabras, enlentecimientos en la evolución lingüística, baja comprensión del lenguaje (palabraso frases), problemas en la discriminación de sonidos... etc. Como vemos, consisten en un variopinto cuadro de ineficiencias lingüísticas, si bien en el DSM-IV los hallamos reducidos a dos categorías diagnósticas:
Caracterizado por un rendimiento significativamente bajo en pruebas estandarizadas para evaluar el lenguaje expresivo.
Caracterizado por un rendimiento significativamente bajo en pruebas estandarizadas para evaluar el lenguaje expresivo.
Con un rendimiento significativamente bajo en pruebas estandarizadas de lenguaje receptivo.
Sea como sea, los niños llegarán a consulta porque no hablan, o porque hablan poco, o porque hablan mal. También es frecuente que sea en el colegio donde se detecte un retraso de lenguaje, más o menos caracterizado.
Es necesario descartar problemas de retraso mental o de retrasos generalizados del desarrollo (el autismo tiene también un peculiar retraso de lenguaje). También es prudente comprobar la agudeza auditiva, pues muchas hipoacusias provocan, como síntomas más precozmente detectables, retrasos de lenguaje.
El tratamiento de los retrasos de lenguaje consiste en efectuar una reestimulación, contemplando los procesos alterados (dislalias, trastornos semánticos) y la existencia o no de problemas asociados en aprendizaje lectoescritor. Tal tratamiento es efectuado primariamente por los expertos en patología y terapéutica del lenguaje (logopedas). Las técnicas logopédicas son muy específicas y deben ser empleadas por profesionales.
En el apéndice 9 exponemos una serie de normas para estimular el lenguaje, que debenser aplicadas por los padres y, en general, por las distintas personas que vayan a tratar al niño.
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